HISTORIA
Perteneció, tras la reconquista de la comarca en el siglo XII al alfoz y Común de Villa y Tierra de Medinaceli. Los obispos de Sigüenza y su Cabildo catedralicio poseyeron amplias heredades en el término de Bujarrabal, pero la jurisdiccion perteneció siempre a la alta y fuerte villa soriana, y el señorío correspondió a los de La Cerda, duques de Medinaceli, durante largos siglos.
PATRIMONIO
El aspecto del pueblo es muy peculiar. Alargado de levante a poniente sobre un leve recuesto, se alinean las viviendas a lo largo de una calle. Muchas de estas construcciones son de fuerte sillarejo bien labrado y trabado, y algunas se revocan con yeso de tonos ocres o rojizos, presentando abundantes esgrafiados con fechas, nombres y dibujos populares. La iglesia parroquial, dedicada a la Virgen María, es construcción magnífica del renacimiento seguntino. Levantada en la primera mitad del siglo XVI, luce un atrio porticado al sur, en el que se abre sencilla portada de molduras y líneas clásicas. Torre y ábside reforzado por contrafuertes. El interior es de una sola nave, cubierta de bóvedas nervadas, muy bien trazadas, y coro alto a los pies. Sobre el muro del fondo destaca el magnífico altar mayor, obra de talla y pintura, realizado en los talleres de Siguenza mediado el siglo XVI. Añade en su parte alta algunos detalles barrocos añadidos en el XVIII. Este grandioso retablo, de estilo plenamente renacentista, consta de cuatro cuerpos, cada uno de ellos dividido en cinco calles. La central está ocupada por obras de talla policromada, y las laterales presentan pinturas sobre tabla, haciendo un total de dieciséis. En la calle central vemos, de arriba abajo, las siguientes tallas: en hornacina cuadrangular, el arcángel San Miguel aplasta a su eterno rival, el diablo. Debajo aparece, escoltado por columnas adosadas, y rematado por friso plateresco, un Calvario de floja ejecución, con un fondo de pintura en que aparece la clásica ciudad, el sol y la luna. Más abajo aún, centrando todo el retablo, hay una admirable talla de la Virgen María, sedente, con un Niño desnudo entre los brazos. Escoltan a María sendas tallas de San Lorenzo y San Sebastián. El resto del retablo está formado por las pinturas, separadas entre sí por columnillas exentas, de fuste prolijamente decorado a base de ingenuos grutescos. Sencillos frisos y cornisas separan un cuerpo de otro. En el cuerpo inferior, o predela, aparecen los cuatro evangelistas. En el segundo cuerpo, escenas de la infancia de Cristo: la Anunciación, la Natividad, la Circuncisión y la Epifania. En el tercero, otras de la Pasión: el Beso de Judas, la Coronación de Espinas, la Flagelación y la Presentación ante el pueblo judío. En el cuarto y último cuerpo, a ambos lados del Calvario, se ven la caída de Jesús con la cruz a cuestas, y el Enterramiento. Posteriormente se añadieron a sus lados dos malas pinturas de Cristo y la Virgen. Este magnífico retablo engarza estilísticamente con varios otros conservados en la comarca seguntina (Pelegrina, Santamera, Caltójar) salidos todos de los talleres de ensambladores, tallistas y pintores de Sigüenza en la mitad del siglo XVI. Destaca en lo más alto del pueblo, rodeado de construcciones tradicionales, el esqueleto de una antigua torre de vigilancia de construcción árabe.
Altitud: 1152 metros
Habitantes: 12
Distancia Capital: 80 Km.