En el alto pico de su castillo se fijan todas las miradas desde largas distancias, pero la villa, antaño próspera y cuajada de edificios notables, se desprende suave por los costados del alto cerro. Su término es muy serrano, con eriales, campos de cereal y sobre todo bosquecillos de rebollar y carrrasco.
HISTORIA
Su situación geográfica le hizo ser punto estratégico en las comunicaciones entre la meseta castellana superior, y la inferior, así como también, en cierto modo, llave del camino de Aragón. Su crecimiento mayor fue en los siglos de la Baja Edad Media, en que llegó a contar con diez mil habitantes y unas quince iglesias parroquiales, siendo uno de los enclaves preferidos de los reyes, y cabeza de un anchísimo territorio o Común de Villa y Tierra. El origen de Atienza es remotísimo. Existen pruebas arqueológicas de su existencia en tiempos prehistóricos, como importante enclave de población de los celtíberos, concretamente de las gentes denominadas titios, aliados de los arévacos y lusones. En el cerro del Padrastro, y en el actual castillo tuvieron sus castros y poblados. Los árabes hicieron de Atienza uno de sus más fuertes enclaves de resistencia contra los vecinos cristianos en la Reconquista, levantando una fuerte alcazaba sobre la roca. La atención de los monarcas castellanos sobre ella, hizo que durante doscientos años la pelea se centrara sobre Atienza: en 870-874 la reconquistó Alfonso II el Magno, reconquistándola los moros poco después. En el 967, Alhakén II tomó Atienza por base de sus peligrosas incursiones, desde la sierra de Pela, a Sepúlveda y Dueñas, lugares que arrasó, llegando hasta el Duero. Después la tomó el castellano García Fernández, pero Almanzor la recuperó, destruyéndola: aunque después los árabes tornaron a reedificarla. El Cid Campeador, cumpliendo su destierro de Castilla, pasó cerca de la peña muy fuert de Atienza, nombrándola con respeto. En 1085, Alfonso VI la conquista definitivamente, y es en 1149 cuando el rey Alfonso VII de Castilla concede a Atienza un gran territorio, con Fuero incluido. En aquellos años la villa creció, multiplicando su población enormemente; moros, judíos y cristianos conviven en ella en paz; surgen decenas de iglesias, de fondas, de comercios, se reconstruye el castillo, se levantan nuevas las murallas, y el pueblo entero se convierte en uno de los enclaves urbanísticos puntales de la monarquía castellana. También Fernando III, en el siglo XIII, les concede a los atencinos, y en especial a sus arrieros, mercedes y exenciones, que son confirmadas y aun ampliadas por todos sus sucesores. El siglo XV, sería crítico y terrible en la historia de la villa, y a partir de ese momento se inicia su declive. Los ejércitos de Navarra ocuparon Atienza en la llamada guerra de los infantes de Aragón. El rey castellano Juan II, ayudado de su valido don Alvaro de Luna y un poderosísimo ejército, sitiaron la villa durante tres meses, en los que repitieron las escaramuzas, logrando conquistar el caserío, en lucha cuerpo a cuerpo, pero no pudiendo acceder al dominio del castillo. Cansados del asedio, el monarca castellano incendió la población, quedando desde entonces destruida en más de su mitad, desapareciendo por completo el barrio de Santa María del Rey. Luego languideció y padeció destrucciones en guerras, especialmente en la Civil española de 1936-39, en que sufrió importantes daños e irrecuperables heridas. Acentuadas luego con la masiva emigración de sus gentes, agricultores tradicionalmente, a las grandes zonas industriales. Atienza se mantiene aún viva por un breve puñado de hombres que la habitan y la aman; su conciencia histórica la mantienen los cofrades de La Caballada, y el turismo revitaliza en parte lo que en otros aspectos va decayendo. El estudio concienzudo y gigantesco que en torno a su historia, a su arte y a su costumbrismo realizó hacia 1945 el historiador don Francisco Layna Serrano, cuajado en una magnífica Historia de la villa de Atienza, hicieron también que, apresado en un libro el tiempo ido, se mantuviera de algún modo esa historia en el latir cotidiano de la villa.
PATRIMONIO
El castillo es el monumento más representativo de la villa. Fue utilizado por los celtíberos, construyendo los árabes fuerte alcazaba, siendo de nuevo reconstruido por los cristianos, tras la reconquista. Se trata de un peñón muy elevado y alargado, de unos doscientos metros, en dirección nortesur, sobre el que se colocó en sus bordes un muro estrecho y no alto, hoy ya derruido. En el extremo sur se alza la torre capitana, de planta rectangular, con tres pisos. El segundo recinto murado del castillo, del que aún quedan porciones, circuía al peñasco principal aprovechando una lastra inferior. Del extremo norte de esta fortaleza, arrancaban las dos líneas de muralla que circuyeron a la población, envolviendo por completo a la parte central de la villa, y a sus arrabales extremos. La villa de Atienza estuvo circuida de fuerte muralla desde los momentos primeros en que los reyes de Castilla se hicieron dueños de ella, comprendiendo el gran valor estratégico del enclave. Del extremo norte del castillo propiamente dicho, surge la muralla que cerraba a la más antigua y reducida población. Vemos puertas como la del Arco de la Guerra, el arco de San Juan o puerta de Arrebatacapas, que presenta un ingreso cubierto de arco apuntado; los portillos de la Virgen y de la Escuela Vieja; la puerta de Salida, o Salada, por tener allí junto una fuente salubre. Y varios más. Atienza tiene un conjunto maravilloso de edificios religiosos. Durante la época de mayor crecimiento y riqueza de Atienza, siglos XII y XIII, se levantaron numerosas iglesias, todas ellas en el estilo románico de la época, convirtiéndose la villa serrana en un auténtico foco de arte. Hasta 15 parroquias llegó a contar, con una influencia románica recibida de los territorios situados inmediatamente al norte: Soria y Segovia, con cierto influjo procedente de Silos. Sus iglesias presentan pórticos en el muro de mediodía; grandes portadas con arquivoltas decoradas; ábsides cuadrados o semicirculares; y un mutuo influjo en lo decorativo, con las regiones citadas, a través del llamado románico de sierra Pela, territorio perteneciente al Común de Atienza, pero camino por donde el arte románico llegó a esta villa. De las numerosas y bellas obras románicas que poseía este pueblo en la Edad Media, sólo han llegado hasta nosotros cinco templos que poseen, en su totalidad o en parte, estas características de estilo: son las de la Trinidad, San Gil, San Bartolomé, Santa María del Rey y Nuestra Señora del Val. La iglesia mayor, única parroquia hoy día, no posee ningún detalle románico, aunque en lo antiguo sí perteneció a este estilo: es la de San Juan del Mercado, en la plaza principal del pueblo. En la de San Gil, perfectamente restaurada, con tres naves de apuntados arcos, se alberga hoy el Museo de Arte Antiguo de Atienza, cuajado de maravillosas obras muebles. También San Bartolomé, aislada de la población, con una bella galería de arcos y capiteles, acoge otro museo con piezas de arte y paleontología. En el siglo XVI se hicieron importantes reformas en este templo, en cuyo interior merecen destacarse el retablo barroco del presbiterio; el gran arco triunfal románico que le precede; y la capilla barroca del Cristo de Atienza, decorada con profusión y exceso, debida al maestro Pedro de Villa Monchalián, quien la construyó en 1703. La gran verja que la encierra es obra del gran artista cifontino Pedro de Pastrana, obra también del siglo XVIII. El retablo de esta capilla lo construyó, entre 1703 y 1708 el artista Diego de Madrigal. En el centro de ese barroquísimo retablo se ve el grupo gótico, magnífico, de Cristo en la cruz abrazado por José de Arimatea, y San Juan y la Virgen María contemplando la escena. Obra del siglo XIII, se trata de un Descendimiento en conjunto iconográfico poco visto en el arte español. Santa María del Rey es el templo más antiguo de los conservados en Atienza. De él cabe destacar su gran portada semicircular con cientos de figuras talladas en sus arquivoltas. En las afueras se encuentra, en calidad de ermita, la antigua parroquia de Santa María del Val. en la que resalta como elemento característico del románico atencino la portada, en cuyas arquivoltas aparecen talladas, las figuras enrolladas, contorsionadas al máximo sobre sus espaldas, de diez personajes vestidos al modo medieval, tocando con sus pies la cabeza respectiva, y cogiéndose al baquetón con las manos. Semejan figuras de contorsionistas, quizás simbolizando la figura de los moriscos que, como catecúmenos, esperan entrar al templo. En la plaza del Trigo surge el templo de San Juan del Mercado, reformada tal como hoy la vemos en los finales del siglo X-VI y comienzos del XVII. El interior es grandioso, de tres naves, separadas por grandes columnas cilíndricas, de sillería. En el muro del fondo estaca el retablo principal, en cuyo cuerpo central aparece, en una hornacina, una bella talla de San Juan Bautista. El retablo fue construido por los entalladores Diego del Castillo, vecino de Sigüenza, y Diego de Madrigal, vecino de Atienza, sobre traza de Pedro del Castillo. Las pinturas son obra de Alonso del Arco, quien las realizó en Madrid y luego se ajustaron en este retablo. Representan escenas del Martirio de San Esteban, y otras relativas a Jesús y San Juan. Otros edificios de interés en Atienza son las ruinas del convento de San Francisco, con hermoso ábside de estilo gótico inglés. La Posada del Cordón, muy restaurada, que luce una portada de vano arquitrabado al que rodea tallado cordón grueso con sus característicos nudos a las esquinas. La calle de Cervantes es la que, en ligero sinusoide, comunica la plaza del Trigo con la iglesia de la Trinidad. En ella, aunque todas las casas y construcciones presentan un aspecto tradicional y bien conservado, destacan algunos edificios y detalles, como son varias casonas nobiliarias que ostentan escudos de armas tallados en piedra (los Zárate, los de Montero), una pequeña capilla dedicada a San Roque y el palacio de los Manrique, hermoso edificio del siglo XVIII con escudo de armas sobre la puerta. El Hospital de Santa Ana es un curioso edificio fundación y obra del siglo XVIII. En 1745, doña Ana Hernando, natural de Atienza, y cerera de Su Majestad, residente y muy introducida en la Corte, con grandes riquezas, dejó dispuesto erigir un hospital para los enfermos pobres de su pueblo. Se construyó entre 1749 y 1753. En su fachada, aparece portada tallada en piedra con sencillas molduras, y sobre el balcón central, un gran medallón en que se ve a Santa Ana enseñando a leer a la Virgen María niña. El centro del edificio está ocupado por un pequeño y bello patio de columnas de piedra, muy severo de líneas. La magnífica talla del Cristo del Perdón, obra de Luis Salvador Carmona, quien la talló hacia 1753, que estaba en su capilla, hoy se admira en la iglesia de San Juan. Como ámbitos urbanos de interés, destacan la plaza del Ayuntamiento, de traza triangular, en fuerte cuesta, está presidida por el Ayuntamiento, obra del siglo XVIII, con su severo empaque arquitectónico y su torrecilla del reloj, más gran escudo en la fachada. En el centro de esta plaza resalta una bellísima fuente del siglo XVIII también, con diversas figuras de peces talladas y un enorme pilón bien trabajado. También la plaza alta, del Trigo o del Mercado, que se comunica con la anterior a través de una estrecha calleja en fuerte cuesta, y pasando a ella por el arco de Arrebatacapas. Es una de las más bellas plazas de Castilla. En un costado se alza la mole de la iglesia de San Juan, obra del siglo XVI sin especial interés arquitectónico. El resto de sus límites se conforman con líneas de edificaciones tradicionales, apoyadas en soportales de madera o piedra, con entramados de madera y revocos de yeso pálido. Una de las casas exhibe en sus capiteles de tallada madera los emblemas del Cabildo de curas de Atienza, a cuya institución perteneció (son unas llaves cruzadas y un águila bicéfala); otras casas muestran frisos, zapatas y aleros magníficamente tallados. Este conjunto, donde antiguamente se celebraba el Mercado de la villa y su comarca, fue restaurado hace algunos años por el Estado, y mantiene perfectamente sus esencias tradicionales dentro del ámbito de la arquitectura popular atencina.
FIESTAS
Destaca la Caballada, en el domingo de Pentecostés, fiesta tradicional castellana cuajada de simbolismos y con 8 siglos a las espaldas. Además en Septiembre se celebra la fiesta mayor del Santo Cristo de Atienza.
Dirección Ayuntamiento: Plaza de España, 11
Altitud: 1169 metros
Habitantes: 501
Distancia Capital: 82 Km.