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Pueblos

Almiruete


Suspendida de los altos cerros que escoltan al Ocejón, en un ambiente de pura serranía, entre arboledas incluso bosques de robles, el caserío oscuro de Almiruete sorprende por su bien conjuntado ritmo urbanístico al más puro estilo de la Arquitectura Negra.

HISTORIA
No puede decirse que este lugar tenga historia propia. De siempre, desde la reconquista, fue aldea perteneciente a la Tierra y Común de Ayllon, y con ella siguió sus vicisitudes de señoríos, desamortizaciones y constitucionalismos.

PATRIMONIO
Su iglesia parroquial es un curioso ejemplar de arquitectura romanica, con detalles goticos y diversos anadidos. En el muro de poniente se abre una antigua puerta de arco semicircular, con dintel liso y arquivoltas baquetonadas que apoyan sobre imposta y jambas. En lo alto, se remata este muro con aguda espadana triangular que presenta dos huecos para las campanas y un ultimo vano en el angulo. Una cornisa de ovas talladas sobre el recio sillar, le confieren un aire medieval muy llamativo y poco repetido en las iglesias de la zona. Al sur, se abre la puerta principal, también de arcos semicirculares. En el interior, una pila bautismal románica. El termino de Almiruete es muy abundante en bellos paisajes serranos. Altos cerros pizarrosos, densos rebollares donde el jabali vive en abundancia, y barrancos profundos por los que corren los arroyos del deshielo, ricos en truchas.

FIESTAS
La celebración en el sábado de carnaval de la fiesta de "LOS BOTARGAS Y MASCARITAS", EN ALMIRUETE, es en sí, una expresión popular viva de lo que fue una de las celebraciones invernales de los vecinos, que a través de los siglos se conservó relacionándola con su forma de vida. El carnaval permitió acoger una celebración de origen popular remoto, fuera, en este caso, de vinculaciones religiosas, que lo distingue de todas las celebraciones de "botargas" de la provincia y cuyo origen habría que buscarlo, seguramente, en las costumbres que traían del norte los repobladores asentados de forma espontanea primero y tras la reconquista en el siglo XI por Alfonso VI, de manera protegida, en la “Extremadura del Duero” (ese territorio fronterizo, que fue sin definición concreta, ocupaba desde el río Duero hasta la llamada ultra-sierra ). Así se formó La Comunidad de Villa y Tierra de Ayllón-, en Segovia, y dentro de ella, el sexmo de transierra al que perteneció hasta el pasado siglo Almiruete. Con sus repobladores vinieron sus celebraciones que se unieron a las de los anteriormente asentados, formando un sincretismo, que como siempre, fue enriquecedor. Es fácil observar las similitudes que han perdurado entre las vestimentas, los atributos y actuación, de estos botargas con las de los personajes de algunas fiestas de pastores-ganaderos-agricultores, que aún perviven en otros lugares, de donde provenían los repobladores. La fiesta se sigue celebrando (con una interrupción conocida entre los años 1963 a 1985), "tal y como siempre se celebró". Son los mismos, ellos y ellas, que por causas ajenas dejaron "de salir" en 1963, los que la reviven, participan y enseñan a los mas jóvenes, a los actuales participantes, permaneciendo dentro de la Cofradía de Botargas y Mascaritas, como garantía del rito tradicional Los botargas llevan cubierta la cara con una careta figurativa, hecha normalmente por cada uno, en madera cuero o cartón, coloreada, con apariencia de animales, de elementos vegetales, o como duendes, diablos y otras fealdades. Cada año se elaboran caretas nuevas para la fiesta. Están vestidos con un gorro alto, en forma de mitra blanca con adornos de vegetales policromos, camisa y calzón también blanco, llevando los mismos adornos, con predominio del color rojo y verde. En el pecho y espalda llevan cruzada una faja negra, y encordados en la misma cintura, por la espalda, cuatro o cinco grandes cencerros armonizados. Calzan abarcas, en su mano lleva una garrota y se protegen las piernas con polainas negras de pastor. Las Mascaritas de Almiruete, son los otros personajes de la fiesta. Por su elegante y delicada indumentaria contrastan vivamente con la apariencia agreste de los botargas. Son, sin duda, en su apariencia actual, una representación más evolucionada del carnaval. Llevan también la cara cubierta, con un lienzo pintado que las hace irreconocibles. Sobre su cabeza un sombrero de campo, de amplio vuelo cubierto de tela blanca y adornado con flores. Traje del mismo color, con falda de amplio vuelo, y como adorno, flores y brotes de hiedra. Sobre él,un delantal con remates de puntillas del mismo color, y un amplio mantón de vivos colores por los hombros. Usa guantes y medias blancas y zapatillas blancas. Comienza la fiesta el sábado de carnaval, cuando el medio día solar templa el campo, y por uno de los cerros que protegen Almiruete, se oye sonar el cuerno del pastor. Inmediatamente aparece por una cresta, una tropa formada por alguna decena de botargas. Se habían vestido en un lugar oculto y remoto del monte. Marchan alineados, haciendo sonar rítmicamente sus cencerros con la rotundidad de quien está seguro de lo que anuncia, en la mano la garrota que va señalando donde nace-rán las plantas, y en su cara lleva la imagen de lo que la tierra criará en el año, bueno o malo. Despiertan con ello a la tierra y convocan al pueblo a que abando-nen las lumbres del frío tiempo anterior y se afanen en iniciar las nuevas tareas del campo. Darán varias vueltas al pueblo para conseguirlo. Todos acudirán a festejarlo, y entre las primeras en acudir, no sin hacerse esperar, salen las mascaritas, de una casa donde se han vestido también secretamente. Se presentan con un rostro imaginado y sin facciones, vestidas con sus mas elegantes ropas, eligen su compañía, y se colgaran del brazo del botarga con el que pasearan con la misma cadencia por las empinadas calles del pueblo. En un momento determinado, y tras dar varias vueltas al pueblo, donde más personas están congregadas, se cumple con el rito del reparto de fecundidad esparciendo las pelusas y confeti por el aire. También hay tizne de las sartenes para los que se burlan y dudan de su anuncio. El sol cae por el cerro del Estepar. Después, y ante los asistentes, se descubrirán las caras y se reconocerán a los mozos y mozas que formaban la fiesta. Se inicia-ran con todos los asistentes, el alegre baile en la plaza a los sones de la dulzaina y tamboril. Los botargas se cambiarán los sombreros por unos negros de fieltro. Entre los mozos presentes y los botargas se darán las machadas con el botilllo de vino, con carreras de persecución para devolverlo a la fiesta en la plaza, donde todos harán uso de él. Es cuando la fiesta se generaliza, aparece la vaquilla y los mamarra-chos, el baile y los juegos, con las bromas propias del carnaval. Con la noche, los botargas y las mascaritas solicitan de los vecinos, casa por casa, el somarro, con el que se confeccionará su particular cena y celebración. Son solo los vecinos del pueblo los que soportan íntegramente la conservación y la celebración de la fiesta." En el Museo de Arte y Tradiciones Populares de la Universidad Autónoma de Madrid, se contemplan estos personajes y abundante documentación de la fiesta.

Foto © Enrique Paniagua


Altitud: 1085 metros
Habitantes: 64
Distancia Capital: 56 Km.




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