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Patrimonio

La Capilla de Luis de Lucena
Antonio Herrera Casado

Una joya del renacimiento hispano, mudéjar por fuera, manierista por dentro.

La capilla de Luis de Lucena, situada en la cuesta de San Miguel, es el único resto conservado de lo que fuera iglesia parroquial de San Miguel del Monte, obra románico‑mudéjar que fue derribada en el siglo pasado, salvándose por fortuna esta su capilla aneja.

Fue diseñada, costeada y dirigida en su construcción por su fundador el doctor Luis de Lucena, sabio humanista nacido en Guadalajara a fines del siglo XV, eclesiástico y médico: cuidó de la salud de los Papas, en Roma, tras haber ejercido su profesión y publicado algún libro sobre enfermedades, en Tolosa de Francia; erudito investigador de la antigüedad clásica y preocupado por todos los problemas de la cultura, residió en Italia largos años, acudiendo a las Academias más afamadas. Erasmista y hondamente interesado en las cuestiones del espíritu, planeó su capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, en Guadalajara, como un monumento a la Espiritualidad (programa iconográfico de sus pinturas murales) y a la Sabiduría (en el piso superior mandó instalar una biblioteca pública).

La capilla de Luis de Lucena fue construida hacia 1540. Es un curioso edificio todo él fabricado en ladrillo, con el que su arquitecto y diseñador logró unos magníficos efectos ornamentales. Sus paramentos, orientados al norte, sur y a poniente el más amplio, muestran las huellas de sus arcos que en tiempos fueron descubiertos. Reforzando las esquinas, y al comedio del muro occidental, se levantan unos cubos cilíndricos que rematan en almenadas cupulillas, sustentadas a su vez por modillones. El pronunciado alero se sustenta por un complicado friso de mocárabes, todo ello en ladrillo consiguiendo en los huecos que entre sí forman los modillones inferiores de este friso, representar cruces y otras figuras ornamentales, todo ello manejando con verdadera gracia el elemento mudéjar por excelencia. La elaborada estructura de esta capilla, con su arrebatado mudejarismo, sorprende en pleno siglo XVI. Y más aun al conocer la filiación hondamente humanista de su fundador. Sobre el cubo angular del S.O. del exterior de la capilla, hay una cartela de piedra tallada en la que se lee lo siguiente: Deo Optimo Maximo / Dei Matri Beatissime / Angelorumque Hierarchiis / Ludovicus Lucenius erigendum / Curavit, dicavitque, Anno / et Christo nato M.D.XL. Sobre la puerta de entrada, está el curioso escudo heráldico del fundador.

Las pinturas de las techumbres, arcos y enjutas, más las que probablemente asentaron en sus paredes, se encuentran hoy en buen estado de conservación, tras una cuidadosa restauración a la que ha sido sometida esta capilla, y así se puede admirar su conjunto y el programa religioso que forman: la línea central de rectangulares cuadros ocupa, en sucesión y disposición que recuerda a la de la Capilla Sixtina, toda la bóveda de la capilla, y presentan escenas de la vida del pueblo judío, guiado por Moisés, y luego por Salomón, representándose en el arco mayor una magnífica escena de la llegada a Tierra Prometida. En las mismas bóvedas, se ven representaciones de las Virtudes Cardinales (cuatro figuras magníficas, de fina ejecución) con sus correspondientes atributos, de diversos profetas y luego de Sibilas, que en número de doce rellenan también algunos espacios de enjutas, completándose con representaciones de las virtudes teologales. Pueden interpretarse como un "camino en el Cielo hacia Cristo" de indudable inspiración erasmista.

El autor de las pinturas, ya en el final del siglo XVI, fue con seguridad Rómulo Cincinato, pintor florentino llegado a España por mandado de Felipe II, que participó en la tarea pictórica de El Escorial, del Palacio Real madrileño, y del palacio del Infantado en Guadalajara. Seguramente colaboraron con él otros pintores, pues hay cosas de distinta mano, e incluso algunas figuras y escenas quedaron a medio terminar. La capilla tuvo un retablo en su muro de levante, del que no queda resto ni descripción alguna.

En su interior, se ofrecen hoy en vitrinas numerosos fragmentos procedentes de las decoraciones murales de la capilla de los Orozco en San Gil de Guadalajara, y de restos de los mausoleos de los Condes de Tendilla en la iglesia de San Ginés. Puede visitarse las mañanas y tardes de los sábados y días festivos.




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