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Patrimonio

Arthyr Byne (1884-1935): de Hispanista a marchante y expoliador.
José Luis García de Paz

La exposición “ Viaje de Ida y Vuelta” es una muestra de fotografías de la Hispanic Society of America de Nueva York en la que se retratan monumentos y tipos populares de las provincias de la Comunidad de Castilla-La Mancha en el siglo XIX e inicios del XX. Esta exposición itinerante del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha recorrerá todas sus provincias. Se ha presentado en el convento de la Merced de Ciudad Real desde el 8 de octubre al 18 de noviembre y se encuentra en la actualidad en el Museo de Santa Cruz de Toledo desde el 29 de noviembre hasta el 31 de diciembre. La exposición tiene una página web oficial http://www.uclm.es/ceclm/fotografia%5Fhispanic/index.htm



Contiene muchas de las imágenes más antiguas conocidas de nuestra provincia, mostrando monumentos emblemáticos como el palacio del Infantado y el convento de la Piedad de Guadalajara, las torres del castillo y la Casa del Doncel de Sigüenza, vistas de estas localidades, el claustro del monasterio jerónimo de Lupiana, el palacio de Cogolludo, tipos populares alcarreños, etc. Hay muchos fotógrafos y fotógrafas, españoles y extranjeros. Aunque las fotos de algunos de ellos, como Jean Laurent y Charles Clifford, ya se han mostrado en exposiciones del CEFIHGU en la ciudad de Guadalajara, la exposición es altamente recomendable para todos los amantes de nuestra provincia y Comunidad.

 

Uno de los autores de las fotos, realizadas para ser publicadas en textos de la Hispanic Society, fue el norteamericano Arthur Byne (1884.1935), arquitecto natural de Philadelfia. Esta persona tiene el dudoso honor de ser recordado en muchas provincias españolas como uno de los mayores expoliadores de arte, realizando labores de intermediario y “ fontanero” para abastecer a coleccionistas extranjeros, actuando en su propio beneficio. En particular se le recuerda en Segovia por el caso del monasterio de Sacramenta y en Guadalajara por Santa María de Ovila (Trillo), comprados por el magnate de la prensa americana William Randolph Hearst (1863-1951), quien era un “coleccionista compulsivo” mientras tuvo fondos para ello.

 

Nada sobre estos casos se dice en la biografía de Byne que se encuentra en la web oficial de la exposición, bien es verdad que algo se intuye cuando se indica, respecto a éste y su esposa Mildred Stapley (1879-1941, casados en 1910)   que “ Habían empezado como estudiosos y autores de obras seminales sobre arquitectura y artes decorativas de España antes de convertirse en marchantes y coleccionistas destacados” y que en 1921 “ rompieron su relación con la Hispanic Society para dedicarse a su actividad de marchantes. Su conducta resultó bastante desagradable para Huntington quien exigía una rigurosa política prohibiendo la compra directa de arte en España y le irritaba cualquier cosa que pudiera vincular a su persona o a la Hispanic con esta práctica”. Archer Milton Huntington (1870-1955), magnate fundador de la Hispanic Society, compró muchísimas piezas para el museo de esta sociedad, el cual tiene actualmente la mayor colección de arte español fuera de España.

 

Enviados por Hungtinton a España, Byne y su inteligente esposa y colaboradora recorrieron en 1915, 1917 y 1918 sus tierras, tomando unas 2800 fotografías. Con ellas se ilustraron sus libros, publicados la mayoría en Estados Unidos. Hay autores que consideran que la verdadera autora de las publicaciones de ambos era Mildred. En todo caso, era considerado como una reconocida autoridad en arte español. Las ilustraciones de libros como " Techos decorados de madera en España", “ Arquitectura española del siglo XVI”, “ Tejidos y Bordados Españoles” o “ Repertorio de muebles e interiores españoles” le sirvieron a Byne como catálogos para proponer su venta a coleccionistas extranjeros. Fallecido Byne, su viuda publicó “ Capillas olvidadas españolas”, con fotos tomadas por su esposo. Todos estos textos solo se encuentran actualmente en Bibliotecas o en librerías de viejo, a precios elevados.

 

Aprovechando con las autoridades españolas su fama de hispanista estudioso, Byne usaba sus conocimientos para obtener beneficios revendiendo los objetos que reseñaba en sus libros a aquellos que los desearan.   Proveyó a casi todos los coleccionistas norteamericanos. Gran cantidad de artesonados salieron de España gracias a los oficios de Byne. Creo que es justo y merecido el apelativo de " el saqueador" con el que se refiere a Byne el profesor José Miguel Merino de Cáceres. Entre otros casos, gracias a Byne salió de España en 1922 la colección que el conde de Las Almenas tenía en su palacio del Canto del Pico (Torrelodones, Madrid), para ser expuesta en Nueva York, pero allí sería vendida y nunca volvería a España. Ofreció parte de esta colección a Hearst, llegando a ofertar una comisión del 2’5% a Julia Morgan (1872-1957), la primera mujer arquitecto de Estados Unidos y arquitecta privada y fiel de Hearst, que la rechazó airada.

 

En 1925 compró para Hearst gran parte del monasterio de Sacramenia (Segovia). Por supuesto Byne exageraba los gastos y dificultades, que las había, para poder cobrar una cifra mucho mayor de Hearst. A veces usaba nombres claves en su correspondencia par evitar que se reconociera de qué monumento se hablaba, indicando que aunque no había "problemas" para la "exportación", convenía mantener la discreción. Hearst pagó por el claustro, el refectorio y la sala capitular del monasterio 40000 dólares, precio que incluía la comisión de Byne (no menos del 25%), lo cual no era demasiado dinero en la época, unas 280000 pesetas de entonces que equivaldrían a unos cuatro millones de 1986. Por las dimensiones de lo embalado y transportado, el coste total pagado por Hearst llegó a ascender a 500000 dólares. Tras diversos avatares, gran parte de lo expoliado en Sacramenia se encuentra reconstruido al norte de Miami Beach, siendo usado para celebrar ceremonias de bodas.

 

En el caso del monasterio cisterciense de Ovila, al que díó el nombre clave en su correspondencia de “Mountolive”, Byne preparó el trapicheo antes de informar a Hearst de la posibilidad de comprarlo.  El éxito de la operación segoviana le animó a preparar la alcarreña. Byne tuvo que emplear dinero para “engrasar” a autoridades desde nivel local hasta la capital, pues reclama dinero para ello en su correspondencia con Hearst. Contó con la colaboración de Fernando Beloso Ruiz, director del Banco Español de Crédito en Madrid. Byne o Beloso, o quizá ambos, usaron la estratagema de inscribir a nombre del Estado en el Registro de la Propiedad a las ruinas del monasterio el 13 de diciembre de 1927. Al Estado se lo compró Beloso el 4 de febrero de 1928 por 3130 pesetas y al poco se lo vendió a Byne. Sorprende la rapidez de los trámites legales lo que indica que una mano debió acelerarlos. La fecha del trato no es segura, probablemente 1929 según indica el profesor Merino de Cáceres a partir de su estudio de las cartas de Byne durante todo el proceso.

 

Hearst y su arquitecta Julia Morgan no supieron nada de Ovila hasta el 7 de diciembre de 1930. No está claro el precio que cobró Fernando Beloso, quizá unas cincuenta mil pesetas. Se sabe que Hearst compró a Byne por 55000 dólares (unas 390000 pesetas de entonces) el monasterio, de ellos pagó 1500 sólo por la portada. La venta incluía el refectorio, la Sala Capitular, el dormitorio de novicios, la cubierta de la galería norte del claustro y otros elementos de la iglesia. Aparte estaban los costes de desmontaje, embalado, transporte y montaje. Fue el precio lo que disuadió a Hearst de llevarse también la bodega. Beloso no canceló la hipoteca que solicitara para comprar Ovila hasta el 6 de marzo de 1931. Al poco, Beloso murió el 24 de agosto de 1931.

 

El gobierno de la recién nacida República declaró Monumento Nacional a Ovila el 3 de junio de 1931, pero esto no paralizó las obras de desmantelamiento pues estaban ya acabadas, ni el gobierno hizo nada práctico por impedir su salida en barco. Parece que sólo hubo dos tímidos intentos de paralizar las obras. Asimismo la Real Academia de Bellas Artes tampoco hizo nada. Quien más levanto su voz de protesta fue Francisco Layna, sin éxito. De todos modos, no se si exagerando, Byne escribe a Hearst que “ el asunto casi me cuesta mi residencia en España”.

 

Los Byne participaban activamente en la vida social madrileña, organizando fiestas y sirviendo de puente entre las comunidades americana y española. Como curiosidad, Zenobia Camprubí conoció a su marido el poeta Juan Ramón Jiménez cuando, acompañando a los Byne, éstos les presentaron en una conferencia de la Residencia de Estudiantes. Los Byne vivían en la calle Ramón de la Cruz 3.

 

Byne murió al chocar su automóvil con un camión en Santa Cruz de Mudela, en 1935, viniendo de comprar unas alfombras antiguas en la zona cercana a Gibraltar. Es sorprendente la reseña que apareció tras su muerte en ABC, dónde se le trata como un " insigne hispanista".y se lamentan por su pérdida. En su " doble vida" Byne proveyó de piezas de arte español a muchos millonarios y museos americanos, transgrediendo cuando le convenía la legislación española e incluso la americana siendo, a pesar de ello, condecorado. Su esposa, salvo durante la Guerra Civil, vivió en Madrid, donde falleció. Su casa la compró la Embajada americana.

 

Publicado el El Decano de Guadalajara el 14 de diciembre de 2007.




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