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El Empecinado y Guadalajara
José Luis García de Paz
28 Enero, 2008
Juan Martín Díez, más conocido como
El Empecinado, nació el 2
de septiembre de 1775 en Castrillo de Duero. Fue un hombre de fuerza hercúlea y
su apodo lo debe a las "pecinas" de su pueblo natal. Orgulloso de su
apodo, logró que se convirtiera en su propio apellido por orden real en 1814.
Casado jóven en 1796 con Catalina de la Fuente, tuvo escasa felicidad conyugal
y los esposos fueron infieles uno a otro repetidas veces.
Tras la ejecución de Luis XVI de Francia, España declaró la guerra a este
país, en la que intervino Juan Martín cuando contaba 18 años de edad. En la
campaña del Rosellón fue ordenanza del general Ricardos y germinó en su corazón
el odio hacia los franceses, y los dos años que duró la contienda (1793-95) fueron
para él una espléndida escuela de aprendizaje en las artes de la guerra.
Terminada la campaña regresó a su pueblo.
En 1808 se produjo la invasión de la península Ibérica por parte de los
ejércitos de Napoleón. Es posible que la violación de una muchacha de su pueblo
por un soldado francés al que Juan Martín dio muerte en feroz lucha sobre el
río Duero, fuera el detonante de la fulgurante carrera del que habría de llegar
a ser el más formidable y temido enemigo que Francia tuvo en los campos de
Castilla. A partir de este suceso, determinado a combatir contra los invasores,
comenzó en abril de 1808 (es decir, antes del "2 de mayo") sus
acciones bélicas con un grupo de muchachos de su pueblo y de los contornos,
incluidos sus tres hermanos. Intervinieron en el combate sostenido en el puente
de Cabezón de Pisuerga y posteriormente en la batalla de Medina de Rioseco,
donde los franceses obtuvieron débiles victorias. En 1808 fue apresado por los
españoles y encarcelado en El Burgo de Osma, de cuya prisión se fugó poco
después.
Tras la batalla de Bailén (19 de julio de 1808) José Bonaparte y los
franceses se retiran al norte, vino Napoleón a España, derrotó a las tropas
españolas y volvió a ocupar Madrid el 4 de diciembre. Definitivamente entonces
Juan deja de actuar enmarcado dentro de un ejército regular español. Guerrero
nato aunque sin la preparación adecuada como tal en las enseñanzas tácticas y
estratégicas, aquellos enfrentamientos en campo abierto en las llanuras
castellanas con una tremenda inferioridad de condiciones tanto humanas como de
medios le llevaron a la conclusión de que no era el enfrentamiento tradicional
de ejércitos el modo más idóneo de luchar para vencer. Entonces concibió la
idea, genial, de combatir en forma de guerrillas, táctica que ha sido seguida
después por todos los ejércitos del mundo en algunas circunstancias de una
guerra general. Comenzó sus hazañas en Aranda de Duero, Sepúlveda, Pedraza.,
etc y en la cuenca del Duero durante los primeros meses de 1809, y en la
primavera del mismo año en las sierras abulenses y salmantinas.
Pero en vista de la movilidad del Empecinado y de su asombrosa capacidad de
maniobra, que la hacía imposible cumplir sus objetivos., los franceses
detuvieron en enero de 1809 en Aranda de Duero a la madre del guerrillero así
como algunos de sus familiares para, con este medio coercitivo, lograr que
depusiera las armas y se entregara. La reacción de Juan Martín fue fulminante
al realizar varias acciones que produjeron estragos en las tropas y convoyes
franceses haciendo saber al mismo tiempo que si inmediatamente no era liberada
su madre, ordenaría el fusilamiento de más de cien soldados franceses que
mantenía prisioneros y, además, ejecutaría ipso facto a todos cuantos en lo
sucesivo cayeran en sus manos. La consecuencia de esto fue la inmediata
libertad de la madre y familiares del Empecinado. En las gestiones a favor de
su madre intervino decisivamente el general francés Chic, ayudante de Jose
Bonaparte, a quien el Empecinado había capturado y entregado tras un trato
honorable a las tropas españolas mandadas por el Duque del Infantado.
Posteriormente, por orden de la Junta Central, desplazó en septiembre de
1809 su marco de acción fundamentalmente a las provincias de Cuenca y
Guadalajara.
Su modus operandi consistió al principio en el de la interceptación de correos
y mensajes, algunos de enorme importancia político-militar que suponían graves
repercusiones para las tropas napoleónicas, cuyos portadores iban protegidos a
veces por uno o dos regimientos de caballería a los que el Empecinado
sorprendía, copaba y destruía; de igual modo, el ataque y apresamiento de
convoyes de víveres, armas, ropas y dinero. Siempre que puede, el Empecinado
conquista, pierde y gana nuevamente pueblos y ciudades. La Junta Central le nombró
comandante de caballería en 1809 y brigadier de caballería en 1810, en 1811
manda el regimiento de Húsares de Guadalajara y en ese mismo año fue nombrado
general, convirtiéndose oficialmente su guerrilla en la quinta división del
segundo ejército español.
Guadalajara será ocupada de nuevo a partir de 1810, con tropas al mando del
general Sebastiani, ocupación que es debida a la actuación de partidas de
guerrilleros por toda La Alcarria y zonas de la sierra y Molina. Brihuega sería
ocupado por los franceses de 1810 a 1812 y se convierte en su centro de
operaciones en La Alcarria. Muchos pueblos serían ocupados, perdidos, vueltos a
ganar y a me nudo saqueados durante la contienda. En el Episodio Nacional
titulado "El Empecinado", Benito Pérez Galdós sigue las andanzas de
este héroe atacando las bases francesas de Guadalajara y Brihuega y marchando
por Molina, Siguenza, Hita, Jadraque, Atienza y Cifuentes. Hubo otras partidas
guerrilleras por Sacedón, como la de Pedro Villacampa, quien colaboró repetidamente
con El Empecinado. La principal preocupación de los franceses era mantener la
carretera de Aragón y perseguir en lo posible a las partidas. Juan Martín
ataca, conquista y reconquista villas alcarreñas, llega a bombardear el
castillo de Torija y a amenazar Guadalajara, amén de llegar a las tapias de la Casa de Campo de Madrid en 1810, lugar de asueto de José I.
Fue tan grave el daño que a los franceses hacían las operaciones
guerrilleras del Empecinado, que el más alto mando francés destinó nada menos
que al general Joseph Leopold Sigisbert
Hugo (que había acabado con el
guerrillero napolitano "fra Diavolo", era padre del futuro famoso
literato romántico Víctor Hugo y había recibido en julio de 1810 el título de
conde del imperio) para que se ocupara exclusivamente de la persecución y
aniquilamiento de Juan Martín Díez y sus fuerzas. El general Hugo intentó
convencer en una carta a Juan de que se pasara con rango y honores a servir en
el ejército del rey José, lo que motivó la famosa carta de respuesta de rechazo
escrita en Cogolludo el 8 de diciembre de 1810 :"No os fatiguéis en tratar
de apartarme de mi honroso deber... (El Empecinado y sus tropas) jamás podrán
unirse a unos hombres envilecidos, sin honor, sin fe y sin religión. Y me
haréis el favor, para en adelante, de suprimir toda correspondencia".
Anteriormente el intendente de Guadalajara también intentó hacerle mudar de
bando en enero-febrero de 1810. Por cierto, también combatieron en España Louis
Joseph Hugo, hermano del general Hugo y el jefe de la guarnición de Brihuega en
marzo de 1810, otro hermano llamado François Juste Hugo y el hijo mayor del
general, llamado Abel Hugo. Asimismo estuvo residiendo con su padre desde junio
de 1811 a marzo de 1812 el entonces niño Víctor Hugo.
Entre los muchos combates de Juan Martín en Guadalajara citaremos el de
Sacedón el 6 de febrero de 1811 y el ataque al puente de Auñón el 23 de marzo
de 1811. Curiosamente, este combate aparece en las crónicas francesas como una
gloriosa acción defensiva de Louis Joseph Hugo con 550 franceses frente 5000
(!!!) miembros de las partidas españolas, manteniendo la posición hasta que le
socorrió su hermano el general Hugo mientras que para las crónicas españolas es
un ataque sorpresa y semidestrucción de un destacamento francés. Juan Martín entra
en Calatayud en octubre y pronto sucede la casi destrucción de su partida por
los franceses en El Rebollar, cerca de Siguenza, el 7 de febrero de 1812,
gracias a la traición de su lugarteniente Saturnino Abuín (y no Albuín), "el
manco" y al contraguerrilleto Villagarcía. Abuín había perdido el antebrazo izquierdo en septiembre de 1809 en una acción
en El Casar de Talamanca. Sin embargo, el herido Juan Martín logra la
sorprendente (para los franceses, claro) recuperación de sus tropas que ocupan
la propia Cuenca el 8 de mayo de 1812. Destaca asimismo el ataque a Alcalá de
Henares en junio de 1812 y la retirada de este lugar combatiendo en Armuña y
Horche.
A partir de la derrota francesa en la batalla de Arapiles el 22 de julio de
1812, hubieron que abandonar Madrid sus tropas con el propio rey José
Bonaparte, quedando una reducida guarnición de hombres, apenas 800 en
Guadalajara al mando del general suizo Preux. Las tropas de El Empecinado muy
numerosas y, con el apoyo en la lejanía de las tropas británicas del general
Wellington, cercaron la ciudad exigiendo la rendición de la ciudad. Preux
intento rendirse a los británicos pero Wellington no acepto su rendición,
exigiendo que esta se hiciese en presencia de El Empecinado, Preux hubo de
aceptarla y Guadalajara fue liberada por los guerrilleros españoles el 16 de agosto
de 1812. Juan Martín había entrado en Madrid con su caballería en Madrid el 12
de agosto de 1812 junto a Wellington. Después, libera Cuenca el 20 de
septiembre y jura con sus tropas la Constitución de Cádiz
Sin embargo, la retirada francesa de la mitad sur peninsular (y consiguiente
concentración de tropas) junto al fracaso de Wellington en Burgos, permitió a
los franceses recuperar de nuevo Madrid el 3 de noviembre y, claro, Guadalajara
hasta su retirada definitiva en 1813. Por última vez, Juan Martín burla en
combate al general Hugo el 24 de febrero de 1813 y fracasa la intentona de
Soult de capturarle junto a Madrid en abril de 1813. Con la retirada
definitiva, y abandono de las ciudades por los franceses, se produjo el expolio
de bienes más importante, tanto en Guadalajara como en Madrid. Juan libera
definitivamente Alcalá de Henares el 22 de mayo de 1813 tras un fuerte combate
y entra en Madrid, que el 27 de mayo había sido evacuado por la guarnición
francesa, entonces mandada por el general Hugo. Galdos en "El Equipaje del
Rey José" dice respecto a esta retirada que "les mandaba el general
Hugo, y llevaban consigo convoy tan inmenso, que, al verlo, creeríase que en la
capital de España no quedaba un alfiler. Desde muchos días antes habían sido
embargados cuantos coches, carros y calesas rodaban por las calles de la villa,
y casi toda la servidumbre se ocupaba en el embalaje de las diversas riquezas
que José y los suyos se habían apropiado. Estos señores hacían buena presa
dondequiera que ponían la mano, y no eran nada melindrosos ni encogidos para
esto del incautarse." Con todo, el general Hugo fue mucho mejor que la
mayoría de sus jefes y compañeros, así que imaginense el resto. Tras la derrota
francesa de Vitoria el 21 de julio (dónde no intervino Juan pero si Hugo como
ayudante del rey José) El Empecinado sería enviado con sus tropas a Tortosa. En
los movimientos de tropas francesas había influido, lógicamente, la fracasada
campaña de Rusia de Napoleón en 1812.
Durante la Guerra de la Independencia, la villa alcarreña de
Fuentelviejo fue uno de los muchos centros de operaciones del Empecinado. Uno
de sus lugartenientes, José Nomdedeu o Mondedeu, tuvo relación con
Fuentelviejo y Aranzueque. F.
Hernández Girbal en "Juan Martín el Empecinado", pag 147 afirma que
era valenciano de Ibi (y así aparece en la Enciclopedia Espasa-Calpe). Otros
lugartenientes famosos nacidos en la provincia de Guadalajara fueron Vicente
Sardina y Marcelo Dávila.
Galdós describe la crueldad de ambos bandos en esta guerra, la pobreza de
los pueblos (como Sacedón al comienzo de su Episodio Nacional "El
Empecinado") incendiados y saqueados por los franceses por la mañana,
dando de comer a los guerrileros más adelante y llevándose el ejército regular
lo restante por la noche. "Las humildes casas habían sido incendiadas
primero por nuestros guerrilleros para desalojar a los franceses, y vueltas a
incendiar por éstos para impedir que las ocuparan los españoles. Los campos
desolados no tenían mulas que los arasen, ni labrador que los diese simiente, y
guardaban para mejores tiempos la fuerza generatriz en su seno, fecundado por
la sangre de dos naciones. Los graneros estaban vacíos, los establos desiertos,
y las pocas reses que no habían sido devoradas por ambos ejércitos se
refugiaban, flacas y tristes, en la vecina sierra. En los pueblos no ocupados
por la gente armada no se veía hombre alguno que no fuese anciano o inválido, y
algunas mujeres andrajosas y amarillas, estampa viva de la miseria, rasguñaban
la tierra con la azada, sembrando en su superficie con esperanza de recoger
algunas legumbres. Los chicos, desnudos y enfermos, acudían al encuentro de la
tropa, pidiendo de comer. La caza, por lo muy perseguida, era escasísima y hasta
las abejas parecían suspender su maravillosa industria."
Respecto al número de tropas que mandara El Empecinado, los datos
"oficiales" indican que la quinta división bajo su mando en el verano
de 1811 constaba de 3250 hombres y la llamada sexta división con la que
combatiera en Tarragona en junio de 1813 tuvo 4248 hombres. Y, referente a los
expolios que las tropas francesas hicieran en la península, muchos libros del
país vecino los tratan como simple "botín de guerra" o como
"donaciones voluntarias al vencedor". Como combatiente, Juan Martín
fue respetado, como muestran sus escritos, tanto por Wellington como por los
franceses Suchet, Hugo y Belliart.
Al regreso de Fernando VII a España tras el tratado de Valençay, éste anuló
la
Constitución de Cádiz de 1812 en mayo de 1814 y restauró el
absolutismo real. Juan Martín fue inicialmente favorecido por el rey (fue
nombrado mariscal de campo en enero de 1815), pero sus ideas liberales y el
hecho, como decía el mismo, de "haber jurado la Consticución" le
hicieron dar en mano una carta al monarca el 13 de febrero de 1815 pidiendo la
vuelta al sistema constitucional. Fernando VII no se lo perdonó y de ahí
arranca la animadversión personal del monarca hacia él. Fue desterrado a
Valladolid, pero al triunfar el pronunciamiento de Riego en 1820, El Empecinado
volvió a tomar las armas, esta vez contra las fuerzas realistas, siendo
nombrado durante el trienio liberal, gobernador de Zamora y, accidentalmente,
Capitán General. Destacan sus encuentros en 1821 con el "Cura Merino",
también guerrillero antinapoleónico y ahora capitán de una partida
"realista", derrotado repetidamente por "el Empecinado". La inquina del rey aumentó cuando Juan rechazó en diciembre de 1820 su petición de
que traicionara a los liberales.
Durante esta época, con la extensión del liberalismo político y del
pensamiento romántico los sectores liberales más radicales reivindican
plenamente el movimiento comunero, del cual se consideran herederos directos en
su lucha por la libertad y contra el absolutismo de Fernando VII. Introducen el
color morado como distintivo y se organizan en sociedades secretas como
"Los Comuneros, o "Los Numantinos". Esta última es una escisión
radical de la primera y partidaria de la lucha armada contra Fernando VII, en
Los Numantinos, milito Espronceda. El Empecinado, miembro de "Los
Comuneros", también conocida como "Los Hijos de Padilla", en
homenaje a los ajusticiados en Villalar y fundada por Riego. Sus lugares de
reunión se llaman "torres", y es a la de Valladolid a la que El
Empecinado acude asiduamente, adornándose con el distintivo de la misma, una
cinta morada con la inscripción "Constitución o muerte".
Consciente del enorme valor mítico de los comuneros para los sectores
liberales de una sociedad penetrada de las utopías románticas, no dudó en
reivindicarlos de forma clara; organizó una expedición a Villalar en busca de
los restos de los tres capitanes ejecutados en esa villa en 1521, encontrando
restos humanos que atribuyó a, Padilla, Bravo y Maldonado, y que fueron trasladados
con grandes ceremonias a la Catedral de Zamora, donde fueron enterrados. Estos
hechos tuvieron su punto central en un acto de homenaje a los comuneros en la
plaza de Villalar el 23 de Abril de 1821, en lo que puede ser considerado como
primer antecedente contemporáneo de las celebraciones de Villalar que, hoy
conocemos.
Sin embargo, los restos que Juan Martín encontrara en Villalar no eran los
verdaderos comuneros allí decapitados, sino unos huesos preparados al efecto
por las autoridades locales al saber que venían a buscarlos. Este
engaño
ya fue descubierto y publicado por un historiador en 1870. Las familias de los
tres comuneros llevaron sus verdaderos restos a Toledo, Segovia y Salamanca en
el siglo XVI.
El Empecinado volvió a combatir en Guadalajara para sostener al régimen
liberal. Estuvo acompañado por es un tío segundo de la madre del escritor Pío
Baroja, Eugenio de Aviraneta (1792-1872), que fue militar, espía y conspirador,
y por aquel entonces ayudante militar de El Empecinado cuando combate contra
las partidas realistas en Guadalajara. Realizan una rápida campaña en que
partiendo de Alcalá de Henares el 20 de enero de 1823, Juan derrota al suizo
Ulman el 24 de enero en Caspueña, evitando que los realistas ocupen
Guadalajara, derrota al también realista Jorge Bessieres en el puente del
Henares, le persigue y le vuelve a derrotar el 29 en el puente de Sacedón
persiguiéndoles hasta Huete, que conquista el 10 de febrero, y Priego, el 14 de
febrero. La Alcarria quedó limpia de partidas realistas y Aviraneta logró el
grado de Capitán de Caballería por esta campaña. Eugenio se separaría de Juan
Martín y su triste destino y participaría (entre muchas peripecias) en labores
de espionaje y conspiración por Vascongadas y Navarra durante la Primera Guerra
Carlista, contribuyendo al Convenio de Vergara (1838).
Al llegar los cien mil Hijos de San Luis acaba este episodio liberal en
Castilla, tras la pobre, resistencia que pudieron ofrecer
"Numantinos" y "Comuneros" en los asedios de Valladolid,
León y Madrid al desmoronarse el ejército liberal en toda España. Realmente fue
una "guerra civil" pues los "realistas" y sus partidas
(como la del cura Merino) apoyaron y ayudaron al ejército francés en su paseo
por las tierras de las que habían huido en 1814. De hecho, varios de sus
lugartenientes de la guerra de 1808-1814, como Isidro y Mondedeu, ahora
militaban en las filas realistas. Con su mujer Catalina apenas tenía trato y
tenía tres hijos (Manuel, Felipe y Valentín) fuera de matrimonio.
Derrotado el régimen liberal en 1823, Juan Martín marchó hacia la frontera con Portugal, de
donde regresó tras una solicitud, que le fue aceptada, de designación de su
residencia dónde debería permanecer retirado y sin actividad alguna. Sin
embargo al llegar a Roa camino de su pueblo fue detenido por un antiguo y
rencoroso enemigo personal, el corregidor Domingo Fuentenebro, quien por
espacio de dos años le hizo exhibir en
jaula de barrotes de hierro en
los días de mercado ante las insolencias de la gente y las lágrimas de su
madre, siendo finalmente condenado en 1825 a morir en la horca de una forma
ingominiosa y con la aquiescencia (y especial enquina) del propio Fernando VII
y a pesar de varias peticiones de clemencia, una de su esposa Catalina.
Camino del lugar de la ejecución El Empecinado, enfurecido, rompió en una
portentosa demostración de fuerza muscular las cadenas que le ataban codo con
codo, y acometió a la desesperada a sus guardianes, los que le cosieron a
bayonetazos. Muerto fue, sin embargo, llevado al cadalso y ahorcado, hecho sucedido
en Roa el 19 de agosto de 1825. Es enterrado sin féretro en una fosa abierta en
el cementerio de Roa y cubierto "por treinta carros de piedras y
tierra".
En 1843 sus restos son exhumados para darle digna sepultura. Esta se le
daría finalmente en el monumento erigido por suscripción popular en Burgos (ordenado en 1844 pero no acabado hasta 1856), enfrente de lo que en aquel entonces era el cementerio de
Burgos, actualmente Seminario Mayor, al final de la calle Fernán González.
En la revista "Interviu" de fecha 9 de septiembre de 2002 hay un
articulo sobre los restos de "el Empecinado" y una polemica sobre la
pertenencia de estos. Dice: "Luchó contra las tropas francesas en la
guerra de la independencia, era un experto en la guerra de guerrillas, abrazo
la Constitucion de 1812 y era un convencido liberal. Cuando el rey Fernando
VII, aquien ayudó para expulsar a las tropas napoleónicas, volvió a sus andadas
absolutistas, le ordenó detener y finalmente fue ejecutado en Roa (Burgos). Sus
restos yacen en la capital burgalesa, pero sus descendientes quieren que repose
en el pueblo vallisoletano que le vio nacer. Entre tanto Juan Martin, "El
Empecinado", no logra descansar en paz".
Creo que merece relatarse la historia de este gran hombre en esta
web, especialmente en el aniversario de la guerra contra Napoleón
Bibliografía
·
"Juan Martín El Empecinado, Terror de los
franceses". F. Hernández Girbal (Madrid 1985 –Ediciones Lira)
·
"Historia de España en sus
documentos". Fernando Díaz Plaja (Madrid 1983)
·
"El Empecinado visto por un ingles".
Traducción de Gregorio Marañon (Sexta edición Madrid 1973 – Espasa Calpe,
Colección Austral)
·
"La España de Fernando VII". Miguel
Artola Gallego en la Historia de España, dirigida por Ramón Menéndez Pidal
(Madrid 1968)
·
"Los recursos de la astucia". Pío
Baroja (Madrid 1937)
·
"Historia de Guadalajara". Antonio
Ortiz y otros (2000).
·
"Juan Martín El Empecinado" y "El
Equipaje del Rey José". Episodios Nacionales. Benito Pérez Galdos (Madrid,
hay varias ediciones)
·
"La úlcera española: historia de la Guerra
de la Independencia". David Gates (Madrid 1987)
·
Diversos diccionarios y enciclopedias,
destacando la Gran Enciclopedia Larousse y el Diccionario Enciclopédico
Espasa-Calpe.
·
"Breve reseña biográfica del
Empecinado". Andrés R. Amayuelas.
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