Se trata de una fiesta que afortunadamente se ha podido recuperar recientemente. Solía tener lugar el primer domingo de octubre, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Pinar, patrona del lugar.
La fiesta se celebra con el baile de una danza de paloteo en la que intervienen ocho danzantes más una especie de "botarga" al que se denomina "zarragón". Nueve actuantes, por tanto.
Los danzantes van vestidos con trajes consistentes en camisa blanca y corbata de color, medias y calzones claros, con chaleco marrón, negro a veces y, oscuro casi siempre, haciendo juego con la faja, también negra y la chaqueta que lo hace con el calzón. A la cabeza un pañuelo multicolor, diferente en cada uno de los danzates.
Hace años que la fiesta desapareció, pero recientemente se ha vuelto a recuperar gracias al interés de la Asociación Cultural * El Castillo + de Galve, aunque también se haya cambiado la fecha de su actuación desede el mes de octubre al de agosto, por aquello de la mayor asistencia de las gentes, que en un día determinado tuvieron, casi, la obligación de emigrar del pueblo.
Los componentes del "paloteo", pues tal es la danza principal, constituyen una especie de ayuntamiento momentáneo. Aparecen en misa y después son los encargados de bailar una serie de danzas llamativas, muy conocidas y parejas a otras de zonas cercanas geográficamente hablando: "Las cadenas", "La cruz", "La rosa", "Tres hojas", "El traverosan", "El verde", "La cuerda", etc., hasta un total que en algún momento determinado llegó a las diecisiete y de las que hoy solo se conservan unas cuantas, muy parecidas a las que se danzan por los * paloteadores + de Los Llamosos en la tierra de Soria.
Desde el año 1997 se viene celebrando estos vistosos bailes, especialmente los de "El cordón" (de casatañuelas) y "La rosa" (de paloteo) por iniciativa recuperación de un grupo juvenil, que se ha ido introduciendo en los últimos años, bajo la supervisión de otro más conocedor del tema, de adultos puesto que las danzas más complicadas las desconocen.
Incluso ha surgido una nueva iniciativa por parte de los padres de los niños, para que vivan esta tradición desde pequeños, y es la consistente en vestirlos con una copia de los trajes de los mayores.