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Fiestas

La Caballada de Atienza
Apoteosis de la castellanía: memoria de reyes y arrieros en Atienza

A la muerte de Sancho III, en 1158, le sucedió en el trono Alfonso VIII, a la sazón con cuatro años de edad. Ante esta circunstancia, su tío, el rey leonés Fernando II, intenta usurparle el trono de Castilla. A ello se opone la noble familia de los Lara, que, con el rey niño, huye de Soria refugiándose en la fortificada villa de Atienza, que se ve cercada al negarse sus habitantes a entregarle el niño a su tío.

En 1163, el día de Pentecostés, sale una expedición de arrieros en viaje de negocios, y al llegar a la ermita de la Virgen de la Estrella notan la presencia cercana de tropas leonesas que les persiguen.

Los recueros de caballerías más resistentes camuflan entre sus mercadurías al rey y prosiguen camino, mientras el resto de los arrieros permanece en la ermita bailando, como trampa para distraer al enemigo.

Al cabo de una semana, los arrieros que babían escapado de Atienza con Alfonso VIII llegan sanos y salvos a Segovia.

Para conmemorar este suceso, los arrieros atencinos crearon una cofradia denominada de la Santísima Trinidad, sin olvidar a su anterior patrón, San Julián, más conocida como La Caballada, aún existente.

La conmemoración tiene lugar de la siguiente forma: el sábado víspera de Pentecostés se conoce corno Día de las siete tortillas. Se hacen siete tortillas diferentes, una por cada miembro de la Junta, que representan cada uno de los días que se invirtieron en el camino entre Atienza y Segovia. Tamtbién en este día el Prioste, el Mayordomo, el Manda y la Junta de la Cofradía acuden a la ermita de la Estrella, acompañados de dulzaina y tamboril, para plantar el ramo en que al día siguiente aparecerán colgadas las roscas y frutos que se han de subastar.

Llegado el domingo de Pentecostés, los músicos van despertando a los cofrades, que se dirigen hacia la casa del Prioste, en uno de cuyos balcones ondea el pendón de la Cofradía.

Una vez reunidos todos, van a recoger al Abad, y a caballo a la voz del Manda, recorrer las históricas calles de la villa camino de la ermita de Nuestra Señora de la Estrella y escuchar la santa misa.

Precede una procesión con subasta de maneros, cuyas pujas anota cuidadosamente el fiel de Fechos, realizandose los pagos en especies, generalmente trigo o cera.

Sigue la comida, en privado.

Por la tarde tiene lugar el baile de los cofrades que realiza cada uno de ellos de forma individual en recuerdo de aquellos otros, amoriscados, que llamaron, hace más de ocho siglos, la atención de los soldados leoneses. Parece como si cada cofrade bailase con la Virgen una danza ágil para la que se necesita gran destreza.

Terminado dicho baile, nuevamente a la voz del Manda, montan en sus caballerías y precedidos por el abanderado regresan a la villa, al arrabal de Puertacaballos, donde tendrán lugar desenfrenadas carreras entre los cofrades, participando también el Abad.

La fiesta conmemorativa termina acompañando al Abad a su casa, donde éste ofrece limonada a los miembros de la Junta.

Por último, el lunes, Día de la cernina, se rinden cuentas, se escota y se ofrece un funeral por el alma de los cofrades difuntos.




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