Esta fiesta se celebraba antiguamente el tercer domingo de enero.
Al igual que en Valverde de los Arroyos, los danzantes son ocho, acompañados por dos botargas y un gaitero‑tamborilero. La vestimenta es similar.
Efectúan danzas como El cordón, Las espadas, Las fajas, etc.
Las misiones de las botargas son las correspondientes a este tipo de enmascarados pertenecientes al ciclo invernal, fustigantes por tanto, aunque en estos dos casos no lleven máscara, dada la fecha de su actuación. Ayudan al desarrollo de la fiesta y una de ellas tiene cuidado de que nadie se duerma en misa, ya que si lo hace comerá sopas (especie de harina de salvado que lleva en un cuerno colgado a la cintura).
Antiguamente llegaron a celebrarse representaciones teatrales de autos sacramentales y sainetes cortos.