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Expolios.org

Tres cuartos de siglo después del expolio de Ovila.
© Jose Luis Garcia de Paz
16 Junio, 2008


El profesor José Miguel Merino de Cáceres acaba de publicar el libro “Ovila, setenta y cinco años después (de su exilio)”, Editores del Henares, 2008. El monasterio cisterciense de Santa María de Ovila, en el término municipal de Trillo (Guadalajara), es el monumento expoliado más importante de Castilla-La Mancha y, por supuesto, de Guadalajara. Es un caso especialmente sangrante que llega al corazón de toda persona culta y que aparece como ejemplo en España de “elginismo”. Se presenta el 19 de junio de 2008 en la Biblioteca Dávalos de Guadalajara.

Sus ruinas están situadas a la orilla derecha del río Tajo, saliendo de Trillo son seis kilómetros aguas arriba, después de dejar atrás el balneario y el antiguo instituto leprológico, situados en la otra orilla.

Fue fundado por Alfonso VIII de Castilla y comenzado a edificar en 1181. Fue en 1186 cuando los monjes bajaron al emplazamiento actual e iniciaron las obras de la abadía, de sus dependencias monacales, claustro e iglesia gótica, que continuaron a lo largo de los siglos XIII y XIV e irían sufriendo sucesivas reformas mezclándose los diferentes estilos de cada época. Para Juan Antonio Gaya Nuño eran notables su refectorio, dormitorio de novicios, galería norte del claustro renacentista y, sobretodo, su Sala Capitular de bóvedas nervadas apoyadas sobre gruesas columnas con capiteles de flora esquemática.

Visitantes ilustres de los Baños de Trillo (como Jovellanos en 1798) hacen referencias y descripciones del mismo. Sufrió las Desamortizaciones de 1820 y, la definitiva, de 1835. El convento vacío quedó en manos del Estado, siendo Manuel Cortijo, vecino de Ruguilla, el agente liquidador de los bienes del monasterio. Las imágenes de San Bernardo y de Santa María de Ovila fueron a la iglesia de Ruguilla. Ornamentos y joyas se repartieron por las parroquias vecinas de Ruguilla, Huetos, Sotoca y Carrascosa, dónde serían destruidos al inicio de la Guerra Civil de 1936. Los libros de la Biblioteca del convento fueron robados y malvendidos.

Tras el expolio con éxito del monasterio de Sacramenia (Segovia), el marchante Arthur Byne ofreció en 1930 al magnate William Randolph Hearst realizar lo mismo en el monasterio de Ovila. Aprovechando la inestabilidad durante el cambio de régimen de monarquía a república, y la depresión económica, el expolio se realizó en 1931.

Sólo levantó su voz un médico rural natural de la zona y sobrino del entonces Cronista Provincial Manuel Serrano Sanz, Francisco Layna, que escribió artículos y cartas para evitar el expolio. Layna tuvo, además, la osadía de escribir finalmente un libro para denunciar los sucesos y publicarlo a su costa en 1932. También intentó salvar a Ovila don Luis Cordavias, y aunque el gobierno de la recién nacida República declarara Monumento Nacional a Ovila el 3 de junio de 1931, este hecho no paralizó las obras de desmantelamiento, que estaban ya casi acabadas.

Ovila se perdió y lo único bueno que hemos obtenido las generaciones presentes de todo este desgraciado suceso fue que Francisco Layna empezó a compaginar su trabajo como médico otorrinolaringólogo con sus investigaciones sobre la historia, arte y costumbres de Guadalajara, fuente de la que beben todos los investigadores posteriores.

Desde que en 1932 Francisco Layna publicara su mencionado libro “ El Monasterio de Ovila”, no ha habido ninguna publicación dedicada a este monasterio que incluyera aspectos históricos y arquitectónicos. Con todos sus méritos, la obra del médico e historiador Layna adolece de la falta de los conocimientos de un arquitecto, amén de tener ya setenta y cinco años de antigüedad. Algunas pequeñas publicaciones han cubierto aspectos parciales o testimonios locales de cómo se realizó el expolio. No se ha escrito ningún libro al respecto.

El profesor y arquitecto segoviano José Miguel Merino de Cáceres ha dedicado su trayectoria investigadora al estudio del “elginismo”, llamado así por Lord Elgin, quien trasladó los mármoles del Partenón ateniense a Londres. El expolio de Sacramenia le llevó al estudio del realizado en Ovila. Para ello marchó a EEUU a investigar en los archivos de Byne y de Hearst, obteniendo el doctorado por ello. Fruto de sus estudios fue la publicación de un artículo preliminar sobre Ovila en la revista Wad-al-Hayara (Diputación de Guadalajara) en 1985, seguido por otros estudios punteros.

De todo el material expoliado en 1931 y trasladado a San Francisco (EEUU), sólo la portada y la Sala Capitular se conservan en estado susceptible para proceder a su reconstrucción. Los restos que hay en Guadalajara, catalogados como Monumento Nacional, forman parte de una explotación privada agrícola en la que apenas tienen una atención que evite su hundimiento.

El profesor Merino de Cáceres no ha dejado de colaborar altruistamente con la comunidad cisterciense-trapense de Vina (California), en donde se está levantando, sólo con dinero e iniciativa privada, la Sala Capitular de Santa María de Ovila a partir de las piedras abandonadas en el parque del Golden Gate (San Francisco).   En realidad, la localidad se llama Viña, pero no existe la tilde en inglés.

Merino ha realizado sólo para ello más de una docena de viajes. Si hay alguien con la formación adecuada y conocimientos más que suficientes sobre como era y como es Santa María de Ovila (tanto los restos que hay junto a Trillo como los que se llevaron a California) es el profesor Merino de Cáceres. En 2005 un periodista del diario El País le llamó merecidamente “ el guardián del monasterio”.

El objetivo del libro del profesor Merino es triple:

1) Conocer, a partir de sus archivos, la información y el punto de vista de Byne y Hearst, cómo llevaron a cabo el traslado del monasterio y porqué no se montó, a pesar de los diferentes intentos.

2) Poner al día la información y las investigaciones sobre Santa María de Ovila efectuadas en los últimos 75 años.

3) Presentar un estudio arquitectónico y arqueológico de sus restos, proporcionando una detallada descripción y análisis del monasterio.

En esta obra se incluyen planos de planta y alzado a escala de cómo era el monumento en su época de esplendor en España, así como de la reconstrucción de la Sala Capitular en California. Se incluyen fotos que muestran la mala situación actual de las ruinas que quedan en Trillo de este Monumento Nacional.

Bibliografía recomendada:

1) Francisco Layna Serrano, “El monasterio de Ovila”. Segunda edición con una introducción que actualiza la obra. Aache Ediciones, Guadalajara, 1998.

2) José Miguel Merino de Cáceres, “Ovila, setenta y cinco años después (de su exilio)”. Editores del Henares, Guadalajara, 2008.





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