Pedro Villacampa, héroe en Guadalajara

villacampa bne1 281x400 Pedro Villacampa, héroe en GuadalajaraContinuando esta serie de artículos, llamamos ahora su atención hacia Pedro Villacampa, un guerrero tan importante como el propio Juan Martín “El Empecinado”, pero que al no ser ejecutado por liberal por Fernando VII no ha dejado tanta huella en el subconsciente colectivo nacional como éste.

Don Pedro Villacampa Maza de Lizana fue un famoso general aragonés que, durante la Guerra de la Independencia, la Historia ha situado sólo por debajo de Espoz y Mina y de El Empecinado. Estuvo activo con sus tropas guerrilleras en Zaragoza, Teruel, la serranía de Albarracín, el Señorío de Molina (cuya Junta le abasteció numerosas veces), Valencia y la zona este de Guadalajara, efectuando algunas incursiones por Cuenca. Alcanzó el grado de Capitán General y Senador en el reinado de Isabel II.

Su fecha de nacimiento cambia según la bibliografía consultada, pero la partida de nacimiento emitida en 1799, que se halla en el Archivo Militar de Segovia y se reproduce fotográficamente en la biografía del médico e historiador Ramón Guirao Larrañaga (Zaragoza, 2005) dice claramente el 10 de mayo de 1774 en Laguarta (Huesca). Falleció en Madrid el 27 de diciembre de 1854 siendo enterrado con grandes honores militares.

Era de familia acomodada e ingresó como cadete en el regimiento de Voluntarios de Aragón en 1793, legando a subteniente en la Guerra contra la Convenciòn francesa (1795). Es enviado al Campo de Gibraltar, donde estuvo dedicado a labores de vigilancia contra el contrabando. Se casa en 1799 con la gaditana Leonor María de las Mercedes Serri Periañez. En 1801 se halla en la guerra con Portugal y en 1807 es destinado a las Baleares.

Logra entrar a Zaragoza en 1808 con las tropas de refuerzo llegadas poco antes del final del primer sitio francés. Al mando de los voluntarios de Huesca, tras la derrota de Tudela vuelve a Zaragoza, donde se distingue en su defensa durante el segundo sitio (especialmente en el convento de Santa Mónica), alcanzando el grado de brigadier. Capturado por los franceses con la rendición de febrero de 1809, se evade y llega a Tortosa. Allí se repone de sus heridas y el general Joaquín Blake le envía, como mariscal de campo, a operar en territorio enemigo, al mando de la división que debe luchar desde agosto de 1809 en el Bajo Aragón, reuniendo las fuerzas que halle en Calatayud, Teruel y en el Señorío de Molina.

En efecto, Villacampa tiene entre las tropas a su mando a las reclutadas en territorio Molinés, como el batallón de Voluntarios de Molina y, entre otros, recibe los auxilios de la Junta del Señorío de Molina y parte de las armas fabricadas por ésta. Villacampa es un oficial del ejército obligado a usar la lucha de partidas como modo de desgastar y vencer al enemigo, con una habilidad y tesón sólo superados, a veces, por Mina o El Empecinado. Sin embargo no quiso nunca ser llamado como “guerrillero”, y así lo hizo constar tras la guerra en diferentes periódicos.

Su labor en retaguardia contribuyó a que el mariscal Louis Gabriel Suchet volviera atrás después de alcanzar Valencia en marzo de 1810. Se enfrenta a diferentes generales franceses (como Pierre Joseph Habert, Louis Jean Nicolas Abbe o Marie Auguste Paris) y polacos (como Jozef Chlopicki), con más éxito contra los primeros que contra los segundos, hasta que los polacos son llamados por Napoleón al inicio de 1812. Sería muy largo de contar tanto estos combates como los ataques contra los convoyes de suministro de Suchet mientras asediaba Lérida o Tortosa, o las repetidas tomas y evacuaciones de Teruel, Albarracín o Daroca.

Colaboró repetidamente con El Empecinado en la provincia de Guadalajara, unas veces dando y otras recibiendo auxilio militar uno de otro. Así El Empecinado sufre gloriosos reveses como los de Prados Redondos y Checa el 30 de enero de 1811 contra el general Paris para proteger a Villacampa, siendo perseguido por Abbe hacia Cuenca. Debido a que el general Hugo comenzó a fortificar el puente sobre el Tajo junto a Auñón, Villacampa y El Empecinado acuerdan atacarlo el 23 de marzo de 1811. La idea era que el ataque lo iniciara Villacampa con sus tropas (incluyendo los Voluntarios de Molina) contra el fortín del puente, mientras las de El Empecinado cruzaban el Tajo por Pareja y atacaban la villa desde el otro lado. Villacampa ocupó el puente, hizo un centenar de prisioneros y comenzó a destruir el fortín. Las tropas del Empecinado tardaron más de lo previsto en cruzar el río y rodear, y cuando llegaron fueron confundidos por los refuerzos franceses que venían desde Brihuega mandados por el general Hugo. El Empecinado se adelantó solo y se detuvo la retirada. Agrupadas las tropas, atacaron a los josefinos, que se habían fortificado en las casas del pueblo y la iglesia, que quedó como último reducto y fue salvada por una tromba de agua tal que el agua llegaba a las rodillas. La llegada de Hugo y la amenaza de las tropas de Jacques Blondeau que llegaban desde Buendía hicieron retirarse a los guerrilleros.

Cuando Suchet realiza la ofensiva definitiva contra Valencia, Villacampa acude para combatir en Sagunto y la propia Valencia, pero evita encerrarse en ella y regresa a Teruel, salvando gran parte de sus tropas de la derrota y capitulación. De nuevo se une al Empecinado para combatir en la raya de Aragón contra el general Giuseppe Palombini. Las tropas imperiales de la división de Palombini volvieron en mayo y, especialmente, junio de 1812, a pesar de los esfuerzos de Villacampa y el Batallón de Molina, ocupando Molina, Fuentelsaz y varias antiguas fortalezas del señorío, devastándolo todavía más. A lo largo de 1809 a 1813 pudo ser cercado con sus tropas en varias ocasiones, pero su habilidad, buena información y la falta de comunicación entre las tropas dependientes de Madrid y las de Suchet, lo evitaron. Tuvo asimismo especial cuidado en preparar hospitales para sus soldados heridos.

Tras la derrota de Los Arapiles, José I evacua Madrid hacia Valencia y Villacampa (sus tropas incluyen al batallón molinés) ataca a la guarnición huída de Cuenca, mandada por Louis Joseph Maupoint, entre Utiel y Requena el 25 de agosto de 1812. Por esta acción le será otorgada la Cruz Laureada de San Fernando. Replegado tras la contraofensiva francesa, permanece expectante y cuando Suchet se ve obligado a evacuar Valencia el 5 de julio de 1813, la división de Villacampa es la primera en entrar. Villacampa será enviado con sus tropas a participar en el bloqueo de Tortosa, defendida por Louis-Benoit Robert, donde volverá a coincidir con Juan Martín El Empecinado hasta el fin de la contienda en 1814 y la disolución de las divisiones de ambos.

Fue ascendido a teniente general en febrero de 1814 y nombrado Capitán General de Madrid, pero por sus expresiones contra los privilegios del trono, quedó apartado del ejército, perseguido por el rey y prisionero en Montjuich (Barcelona) en 1815, donde le sigue su esposa. La dureza de su prisión le provocó una enfermedad y afectó a su vista. El pueblo y la guarnición de Barcelona le liberan en 1820. Su esposa estaba aquejada de parálisis en 1821.

En el Trienio Liberal recupera sus cargos y queda al frente de la Capitanía General de Barcelona hasta 1822 y de Granada hasta el retorno absolutista en 1823. Como El Empecinado, nunca se pronunció ni atentó contra la Constitución (de 1812) que él había jurado. Huye a Baleares y Marsella, y se exilió a Malta hasta 1828, de donde pasó a Túnez, viviendo pobre y enfermo gracias a la ayuda del cónsul inglés durante cinco años.

Regresa tras la amnistía del 12 de febrero de 1833, desembarcando en Mahón. En 1835 es nombrado Capitán General de Mallorca, y en 1843 de Valencia. Senador por Huesca en 1843, es nombrado Senador vitalicio en 1845. Además de la Cruz Laureada  de San Fernando (1815), obtuvo la de San Hermenegildo en 1835 pero no pudo aceptar la de Carlos III por falta de recursos. De hecho se conservan repetidas cartas solicitando el pago de sus haberes retrasados.

Sucede a José Palafox en la dirección del Cuerpo y Cuartel de Inválidos en 1847, y la reina Isabel II le nombró finalmente Capitán General del ejército en 1852. Muere en su cargo, cuidando de los inválidos de guerra en el antiguo convento de Atocha (Madrid) aunque acababan de nombrarle presidente del Tribunal Supremo de Guerra y Marina ese mismo año de 1854.

José Luis García de Paz.
Publicado en El Decano de Guadalajara el 6 de mayo de 2009.



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