TRASHUMANCIA : CAÑADA REAL SORIANA A SU PASO POR LA ALCARRIA
El origen de las migraciones de la ganadería lanar aparece ya en fuentes remotas de la historia de la península. Investigadores hacen remontar una vida pastoril generalizada, incluyendo las migraciones semestrales, al primitivo periodo iberico. Hay referencias acerca de la lana de Turdetania y la Betita (Valle del Guadalquivir) en la época romana. Los métodos utilizados en la España medieval para seleccionar, castrar y recuperar las ovejas, para la matanza, y para esquilar y lavar la lana, indican también influencias árabes. El hecho de que la mayor parte de los términos pastoriles en España fuese árabe, como por ejemplo zagal y rabadán (ayudantes del pastor), rafala (corral para las descarriadas), morueco (carnero reproductor), ganado (animal domestico), cabaña
(refugio de pastor) y mechta (palabra empleada por los nómadas de Argelia para indicar el campamento para las ovejas durante el invierno, se relaciona con mesta) lo confirman. Así como la palabra merina, cuyo origen según la opinión más aceptable es que los Beni-Merines (una de las tribus del norte de África), que figuraron en el movimiento berebere de España, durante el periodo de los Almohades (1146), la introdujeran en la península.
El constante estado de guerra entre moros y cristianos favoreció el aumento de estos ganados llamados «trashumantes» que podían ser sustraídos al enemigo durante las hostilidades, contribuyendo a la prosperidad y desarrollo de este tipo de propiedad e industria nómada. Especial consideración tienen los siglos de la Reconquista, pues los monarcas sabedores de los beneficios que la ganadería reportaba, impulsaron esta actividad en detrimento de la agricultura, así se creó el organismo encargado de reglamentar los gremios relacionados con la industria pastoril, bajo lo que Alfonso X denominó “el Honrado Concejo de la Mesta”. Una de las misiones, fue el organizar la trashumancia del ganado, intentando que obtuvieran el pasto necesario para una buena alimentación, evitándoles el rigor del invierno.
Las rutas reservadas para el tránsito de los ganados fue llamada cañada, siendo el rasgo distintivo de la vida pastoril trashumante. Estas cañadas eran el trozo de camino lindante con tierra cultivada tomadas por las ovejas al emigrar desde las sierras (las altas sierras castellanas) a extremos, como las dehesas y valles del sur, donde invernaban. Las cañadas reales fueron creadas por el privilegio real otorgado por Alfonso X el Sabio a la Mesta, en 1273, la anchura de la cañada se limitaba a «seis sogas de cuarenta y cinco palmos», o sea unas noventa varas (75mts). Además de las cañadas reales existían también ramificaciones llamados cordeles y veredas, que medían respectivamente la mitad y la cuarta parte de la anchura de las cañadas reales.
La preparación de los rebaños en las sierras para marchar a extremos empezaba a la mitad de septiembre. El rebaño de ovejas, los caballos, vacas, cerdos, y la impedimenta, reunidos en grupos, de un propietario se llamaba una cabaña. Cada cabaña estaba bajo el mando de un mayoral, dividida en rebaños de unas mil cabezas cada uno. Los rebaños más pequeños se denominaban hatos. El rebaño comprendía, además, cincuenta moruecos y veinticinco encerrados que estaban a cargo de un pastor, con cuatro zagales y cinco mastines. Los perros eran cuidados con especial esmero, asignándoles la misma cantidad de comida que a los pastores. Todo daño a los perros se multaba con una pena de cinco ovejas en adelante. La posesión de un mastín perdido era ilegal.
Los rebaños iban acompañados por varias mulas de carga (acémilas), que llevaban los pertrechos, el hato, redes largas que servían para encerrar dentro de ella, en redil, a las ovejas por la noche, y además botas de cuero, utensilios de cocina, alimentos, sal para el ganado, los pellejos de las reses muertas en ruta, etc… La sal se repartía a un quintal por año.
Cuando los rebaños comenzaban su marcha, los encabezaban los moruecos y las ovejas parideras para que fueran éstas más descansadas y que comieran los primeros pastos a lo largo del camino.
La distancia recorrida por los rebaños para llegar a su destino en el sur dependía de donde tuvieran su solaz. Los rebaños de León y Soria andaban unos ochocientos kilómetros, desde sus agostaderos a sus invernaderos, mientras que los de Segovia y Cuenca hacían unos trescientos cincuenta. Tardaban un mes en cubrir la distancia, y a finales de octubre ya se encontraban todos los ganados en sus invernaderos: en Extremadura, Andalucía y Alcudia.
Durante la caminata desde las sierras a los extremos y en los meses invernales solían vender algunas reses en los mercados en ruta, a esta actividad se llamaba merchaniegas y al ganado escogido para la venta chamorro que no era de raza merina, y que era apreciado por su carne, en cambio, su lana era basta.
La partida de las dehesas del sur comenzaba a mediados de abril, se esquilaban los rebaños en la mitad del camino, en unos cobertizos, y antes se encerraba al rebaño, desde el amanecer, bien apretado, en un recinto estrecho, el bache, para que al resudar se ablandara la lana, facilitando su corte y aumentando su peso, cuando se vendía en bruto, sin lavar, con su grasa y suciedad. Los esquiladores trabajaban en cuadrillas de ciento veinticinco hombres, pudiendo cada cuadrilla esquilar al día un rebaño de mil cabezas.
La lana que no se vendía en sucio se lavaba en los lavaderos, llevándola después a las lonjas o laneras como es el caso de Fuentelencina en mención de las Relaciones Topográficas de Felipe II y que dice así: “Esta Villa es mui pasajera, ansí de los Reynos extranjeros como de todo el Reyno… como de la cañada del ganado que se pasa al extremo y de los carros de lanas que pasan de los lavaderos para Flandes”. O el de Cifuentes en donde se hacen unas ordenanzas por orden de D. Fernando de Silva, cuarto conde de Cifuentes en el año 1524 el 20 de mayo. En estas normas se fijan precios de coste y precios de venta, cantidades de paños que se pueden llevar a vender fuera, sobre todo a Segovia y los lugares de donde debe traerse la lana.
Finalmente, se transportaba a las grandes ferias, especialmente a la de Medina del Campo, o a los puertos de la costa Norte para embarcarla rumbo a Inglaterra o a Flandes.
Terminado el esquileo, el ganado descansaba para reponerse y aclimatarse reanudando la marcha. Al finalizar mayo o a principios de junio, los rebaños se encontraban, otra vez, en las sierras de Soria, de León, de Segovia o de Cuenca.
Veamos ahora una descripción de la Cañada Soriana a su paso por nuestra comarca, y que desde Monte Real en los confines de las provincias de Logroño y Soria, y tierra de Yanguas al Valle de la Alcudia, en la provincia de Ciudad Real: con arreglo a los documentos que obran en el Archivo y Secretaría de la Asociación general de Ganaderos, y al reconocimiento practicado por el Visitador Don Celestino del Río, en los años de 1852 y 1853. Este camino era conocido como “Camino de los Yangüeses” en el que se dio la anécdota ilustre, pero desafortunada, que relata Cervantes en capitulo XV del Quijote: “Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses”.
LAS INVIERNAS
Entra la cañada Real en este término, y pasa por los sitios de:
1. El Alto de las Sembradas,
2. Las chozas de las molerías,
3. Fuenlabrada,
4. Una ladera adelante,
5. Vallejo de Madrazo,
6. Fuente de la Buena-Avisada,
7. Solana del monte de las Cuestas,
8. Las Cañadillas,
9. Prado del Ojo o del Hoyo,
10. Matacabera,
11. Mojón de Masegoso.
MASEGOSO
Entra la cañada en este término en dicho prado del Hoyo o del Ojo, y sitio de Matacabrera, y prosigue por los siguientes:
1. Las navas,
2. Dehesa del Barranco,
3. Los Egidos,
4. Ermita de la Soledad,
5. Las Eras,
6. Orilla del lugar de Masegoso, que queda a la derecha,
7. La cañada adelante,
8. Puente sobre el río Tajuña,
9. Prado de las Matanzas, por donde se sale de este término.
SOLANILLOS DEL EXTREMO
1. Los Recueros,
2. El Portillo de las Solanas,
3. La Vega del Villar, donde hay un abrevadero,
4. Los Llanos de la Covacha,
5. Peñas de Valde-Henche,
6. Praderas de Vilieche,
7. Cerro de las Lastras,
8. Unas barranqueras,
9. Terreno áspero e inculto, sin limitación,
10. Las Olmedillas,
11. La Haza del Cordel,
12. Donde esta el mojón de La Olmeda, y finaliza el término.
LA OLMEDA DEL EXTREMO
1. Alto de dichas Olmedillas,
2. La Cuesta abajo, sin limitación,
3. Las Cortas de las Matillas,
4. Linde de término de dicho Solanillos,
5. por entre ambos términos,
6. Cuesta arriba, por tierra montuosa y quebrada,
7. Donde concluye la raya de Solanillos.
LA OLMEDA Y HENCHE
Prosigue la cañada entre el término de la Olmeda y el de Henche, sin limitación:
1. Al Olmo de Teresa, que queda a la izquierda,
2. Por un llano adelante,
3. El Mojón Patrón,
4. Donde la cañada deja el término de la Olmeda.
CASTILMIMBRE Y HENCHE
Continúa la cañada entre estos dos términos de Castilmimbbre y el citado de Henche, y por los sitios de:
1. El Mojón Patrón
2. La Fuente del Campo, o del Canto, o de la Cañada,
3. Despoblado de la Membribre,
4. Haza de Pablazo,
5. Donde se deja la raya de Henche
CASTILMIMBRE Y PICAZO
En dicho sitio de la Haza de pablazo marcha ya la cañada entre términos de Castilmimbre y de Picazo, y prosigue por los siguientes:
1. La Corta del Vallejo, a la derecha,
2. Monte de Albilla, a la izquierda, en término de Picazo,
3. Cerro-Castillo,
4. El Paradero, mojonera de tres términos,
5. Donde se deja el de Castilmimbre.
Budia Y PICAZO
Sigue la cañada entre ambos términos, con anchura ilimitada por terrenos comunes:
1. A la Venta de Picazo, que queda a la izquierda,
2. Los Corrales de Astorga,
3. Un llano adelante
4. Las Represas,
5. Donde concluye el término de Picazo.
Bibliografía
- Julius Klein, La Mesta, Alianza Editorial,1994
- M.ª Rosa Nuño Gutiérrez, El esquileo, trabajo,cultura y comunicación en la serranía de Guadalajara.
- Descripción de la Cañada Soriana desde Yangüas al Valle de La Alcudia, Copia Facsímil, Librerías “PARIS-VALENCIA”, 1995
- Margarita Vallejo Girvés, Los viajes de Cornide por la alcarria (Viajes histórico-arqueológicos por las tierras de Guadalajara, 1793-1795), Aache Ediciones,1999
- Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha.
ROGA