Asentamientos Humanos en las Tetas de Viana

tetas de VianaEl paraje que rodea a Viana de Mondejar es uno de los más peculiares, de mayor personalidad y que da un marcado carácter a un sector de las Alcarrias, llegando a ser único por sus dimensiones y que se desarrolla en torno a dos cerros testigo conocidos como peñas Alkalatem o, más popularmente Tetas de Viana. Su geomorfología es la derivación de restos de la antigua extensión de la plataforma tabular horizontal que caracteriza la zona central y meridional de la provincia de Guadalajara y que ahora se alza como islotes debido a la erosión diferencial producida por los ríos y barrancos sobre las capas sedimentarias duras y blandas alternantes, en medio de un paisaje quebrado que tiene al sur los valles y las fuertes pendientes de la Sierra Solana y al norte la vega del Tajo.

En torno a este megalítico y simbólico lugar se han encontrado abundantes materiales arqueológicos, cerámicas y piezas de silex que indican una ocupación que va desde el Neolítico a la Edad Media.
La ocupación humana desde siempre ha preferido los valles con sus recursos variados que dan acceso a terrenos más adecuados para las actividades productivas.
En contraste con esta tendencia, ¿cuál es la intención, por qué se busca tener un asentamiento con tanta dificultad en un paraje extraordinariamente incómodo en una comarca en que no faltan posibilidades de asentamiento igual de estratégicos pero con mayor comodidad?

Estos cerros son en sí una verdadera fortaleza natural y la intención puede que sea la del ocultamiento, pues la mole misma del cerro amesetado es una formidable barrera que lo esconde a la vista desde la vega del Tajo, mientras que, hacia el sur, la visibilidad queda también cerrada por las alturas de la Sierra Solana. Lo más seguro es que, los que allí se asentaron, buscaran sobre todo unas ventajas estratégicas a ultranza y por encima de cualquier otra consideración, como el acceso al agua o medios de subsistencia como la agricultura y la ganadería.
Como recurso económico cuenta con excelentes pastos de verano, se encuentra en las cumbres numerosas oquedades, algunas provistas de cercas de piedra, que posiblemente han servido de antiguo para encerrar ganado. El lugar, en cambio, resultaría inviable como vivienda habitual durante la mayor parte del año debido  sobre todo a su dura climatología en invierno, con temperaturas bajas y habituales heladas, propio de un clima continental, y por su elevada altura con 1.145m la Teta de la izquierda o la “Redonda”.

Puede que los asentamientos tuvieran un carácter de atalaya o fortaleza, como indican los restos de una cisterna de época islámica aparecida en la cumbre de la muela caliza, dependiente quizá de un poblado cercano pero de cierta cotidianidad por la presencia de utensilios domésticos aparecidos.
Cabe la posibilidad que tuviera una funcionalidad estratégica al hallarse situadas las Tetas de Viana sobre un camino que comunica las cuencas del Tajo y Ebro. Puede que fuera habitado estacionalmente por un grupo reducido con la finalidad de recoger ciertos cultivos o materias primas. Tal vez su función predominante fuera el control o simple utilización de los caminos circundantes.

A este tipo de lugares estratégicos se le asignan actividades económicas y comerciales como era el almacenamiento de objetos valiosos (cerámicas, oro, ámbar, marfil…) destinados al intercambio con otros grupos, cuya comercialización aumenta en este caso por las posibilidades que ofrece la vía natural del Tajo. En la Edad de Bronce el intercambio de objetos de lujo es una necesidad de las minorías dominantes para afirmar su prestigio, y lo llevan acabo con ocasión de bodas, funerales, encuentros, festejos… Las minorías dominantes invierten en objetos del beneficio que obtienen a cambio de la protección que ofrecen a los mercaderes especializados que discurren por sus caminos.

Por tanto parece que en un principio hubo establecimientos humanos en los que prima una voluntad de aislamiento y seguridad para controlar la vía de comunicación  natural que discurra a orillas del río Tajo. Durante la ocupación romana es posible que fuera templo pagano de los romanos  de la vía que unía Segontia con Segóbriga. Más tarde, durante la Reconquista, estos asentamientos se convirtieron en atalayas naturales para el control de las fronteras por los árabes.

Lo que si es cierto, es que la atracción que estas rocas han mantenido sobre la zona ha sido siempre a lo largo de la historia muy especial ejerciendo una fuerza seductora, casi mágica, a todos los que las contemplan.



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