Bicentenario del saqueo de Tendilla en 1809
El 13 de enero de 1809 las tropas españolas mandadas por Pedro Alcántara de Toledo y Salm-Salm (1768-1841), XIII duque del Infantado, fueron derrotadas en Uclés (Cuenca) por las francesas mandadas por el mariscal Claude Victor-Perrin “Victor” (1764-1841). Presumiblemente, fueron tropas francesas las que, tras esta batalla, marcharon hacia la alcarria y entraron en Tendilla el día 15. Monasterios y conventos, por la mejor calidad de sus muros, eran más adecuados para alojar (y defender) a las tropas francesas. Por otro lado, Napoleón opinaba que “la guerra debe alimentar a la guerra”, así que sus tropas se abastecían de grado o por la fuerza a costa del territorio conquistado.
Tendilla era entonces una “mediana villa y de abundante arboleda”.de algo menos de 800 habitantes. Tenía “viñas y olivares que prevalecen muy bien en todos los cerros que rodean estas vegas”, y cosechaba algo de trigo, cebada, avena, garbanzos y flor de alazor, así como judías, lentejas, cáñamo y frutas en la vega. El campesino tendillero realizaba una economía de subsistencia consumiendo productos de la tierra, que cultivaba con su mula, y ayudado por los animales de corral, el cerdo y la cabra. Se celebraba una feria de cinco días alrededor de la festividad de San Matías, entonces el 24 de febrero, “pudiendo considerarse ésta como la principal (del partido de Pastrana), en atención al mucho ganado mular, cerril y domado que en ella se pone a la venta cuando en las demás el principal tráfico lo constituyen los frutos y efectos del país”,
Carecemos de un documento contemporáneo municipal sobre los hechos acaecidos, y solo se pueden inferir los daños comparando datos en el “Libro de Feria” correspondientes a este año y los demás, pues se conserva el libro de los años 1808 a 1815. En cuanto al saqueo que realizaron en el monasterio jerónimo de Santa Ana de la Peña, a trescientos metros al sur de la villa, y los daños a las tumbas de sus primeros condes, la Comisión de Monumentos de Guadalajara indagó por los restos mortales de Íñigo López de mendoza (1419-1479), y a finales de octubre de 1845 fue a Tendilla el secretario de dicha Comisión Provincial, Fernando Ahumada, que preguntó a los ancianos. Por aquel entonces el monasterio estaba desamortizado, con los muros de su iglesia conventual desnudos y su claustro arruinado. Los informes fueron comentados y publicados por el clérigo e historiador D. Vicente de la Fuente (1817-1889) en su célebre artículo sucedido escrito en febrero de 1881 y publicado en el Boletín de la Real Academia de la Historia.
“En la noche del 15 de Enero de 1809, invadieron el pueblo las tropas francesas, saquearon el monasterio y la iglesia y violentaron las puertas de la alacena (donde estaba enterrado el primer conde de Tendilla), creyendo quizá encontrar algún tesoro; mas hallando solo el ataúd, lo rompieron, destrozaron el cadáver, y, poniendo en la calavera un cabo de vela, hicieron con ella una ridícula procesión, remedando los cánticos fúnebres de la iglesia, que oía con indignación mal comprimida el aterrado y maltratado vecindario de Tendilla, cuyas casas habían saqueado a mansalva, pues ninguna resistencia se les había hecho.” Nada se dice sobre Elvira de Quiñones, la primera condesa de Tendilla, y sus restos mortales. Los monjes huyeron del monasterio, y nadie cuidó de los restos del conde, que se “pusieron debajo de la mesa del altar mayor”, lugar reservado únicamente para reliquias sagradas. El saqueo de la localidad fue severo, pero no hay datos acerca de asesinatos durante el mismo. Las posibles violaciones de las mujeres fueron, lógicamente, ocultadas para no dañar la reputación de esposas e hijas, y los posibles recién nacidos.
Casimiro José Olivera, de edad de 70 años, narró que había visto el cadáver momificado del conde a finales del siglo XVIII con ocasión de la visita Juan de la Cruz Belvis de Moncada (1756-1835), marqués de Bélgica y heredero del condado de Tendilla y el marquesado de Mondejar. Se expuso el cadáver al público, el cual “estaba acartonado” (momificado), estando la sepultura “debajo del sepulcro artístico que hay en su pared, y el nicho estaba cerrado con dos puertas, y encima de ellas el epitafio de su cadáver, el cual estaba embalsamado, cubierto con el hábito de la Orden de Santiago”. Asimismo, el presbítero Raymundo Olivera, “hermano o pariente” de Casimiro José y de edad de 67 años, dijo que el cadáver “estaba cubierto con hábito blanco, como de seda, con franjas y cordones dorados, al parecer de caballero de algunas órdenes militares”, “el cual conservaba sus cordones y borlas, distinguiéndose aún las franjas y bordados de su vestido”.
Casimiro José declaró que “en la noche del quince de enero de mil ochocientos nueve, se alojaron en el Monasterio unas compañías de tropas francesas, quebrantaron las puertas y caja, sacando el cuerpo acartonado, le destrozaron y anduvieron con sus huesos por el Monasterio, cantando entre otras cosas la Letanía, pues se oía en el pueblo. Que luego que marcharon las tropas, subió el testigo, y vio el destrozo del cadáver, hallando huesos por la iglesia, los claustros y el corral, y lo que había sido carne se hallaba convertido en un polvo como de tabaco y serrín, y además se veían algunas partes de piel cuartonada.”
Con el permiso de Pedro Díaz de Yela (fallecido en Tendilla en 1865 a los 62 años), dueño entonces del edificio del monasterio, se excavó donde indicara Casimiro, bajo el altar mayor de la iglesia del monasterio, y se encontraron unos huesos y una calavera, con un cabo de vela de crea dentro, que se pensó pertenecieron al conde Iñigo López de Mendoza, “corroborando este juicio por la señal que tiene la calavera de haberla dado un golpe con sable, u otro instrumento cortante, en la occipital, con el fin tal vez de destrozarla, como lo hicieron las tropas francesas con las demás partes del cuerpo de dicho Señor”. Parecidas declaraciones hizo el sacerdote Olivera y otro vecino de 75 años de edad. Nada sabemos de la condesa. No dicen cual fue el destino final de los huesos del conde, presumiblemente acabarían nuevamente enterrados en sagrado en el cementerio municipal de Tendilla o algún punto de la iglesia parroquial. Los mausoleos de ambos condes, elaborados con anterioridad al del famoso Doncel de Sigüenza por el mismo taller a finales del siglo XVI, fueron trasladados por la Comisión Provincial de Monumentos en 1845 a la Iglesia de San Ginés (Guadalajara) y muy mutilados en los sucesos del 22 y 23 de julio de 1936 cuando la reconquista republicana de Guadalajara. En 2001 se han depositado algunos de los fragmentos rotos en el pequeño museo que esta instalado en el piso alto de la Capilla de Luis de Lucena de Guadalajara.
Curiosamente, no hay dato alguno sobre posibles saqueos posteriores, ni en la primera ocupación de 1809 a verano de 1812, ni en la segunda entre noviembre de 1812 y abril de 1813, cuando se sabe que fue en ésta última cuando los más saquearon los franceses en la provincia. En cuanto a la feria de mercaderías de Tendilla, se celebró todos y cada uno de los años durante la Guerra de la Independencia. En 1809, a poco más de un mes del saqueo, hubo poca oferta de productos, sólo se recaudaron 40 reales por la venta de congrio salado y 24 por la de abadejo, sólo aparecen 172 posibles vendedores de animales, y los impuestos y diversos ingresos recaudados fueron casi la mitad de lo obtenido en febrero del año anterior. En los años siguientes la feria se recuperó a pesar de la ocupación, y el rey José I recaudó los impuestos correspondientes en las mismas. Lo importante es que la feria se celebró, a pesar de la situación, quizá por que convenía a ambos bandos el que se celebrara durante la contienda.
Publicado en “El Decano” el 16 de enero de 2009.