Turismo por la Guadalara “mágica”
Les proponemos visitar unos lugares de la provincia de Guadalajara siguiendo un itinerario que aprovecha la “magia” y leyendas de algunas localidades menos conocidas puesto que pueden caer fuera de las rutas turísticas, asociadas a “ las 10 maravillas” o “ los diez mejores monumentos”. Los lugares que mencionaremos (no es una lista completa) tienen un componente de misterio histórico o de singularidad, que les hace aparecer en volúmenes dedicados a la ” España misteriosa” o la ” España incognita”. Para favorecer el recorrido por las zonas menos conocidas, no haremos referencia a las leyendas o misterios de Guadalajara, Sigüenza, Molina, Atienza, Brihuega o Pastrana.
Desde Maranchón podemos acercarnos, tras pasar un bosque de sabinas, a Codes, en cuyo término cercano al Sistema Ibérico hay abundancia de fósiles para el coleccionista. Junto a la localidad se halla la balsa del “Navajo” y una “loma de la Atalaya” donde ya no quedan restos de la misma. Pero nuestro destino está saliendo hacia Maranchón, a kilómetro y medio al lado izquierdo, cerca del arroyo de Valdefuentes. Es una elevación circular rodeada de piedras conocida como “ la Torremocha” donde, según una leyenda local, hay enterrado “un rey persa”. En realidad es un asentamiento celtibérico, protegido por la Junta desde 2000 y donde se han realizado diversas excavaciones, en particular la Torremocha corresponde al yacimiento “ Torre I de Codes”. Sin embargo, algunos estudiosos de lo oculto dicen que allí hubo una pretendida “pirámide Atlante”, cuyos habitantes estaban relacionados con los petroglifos de la “ Peña Escrita” de Canales de Molina. El término (y la cercana zona del alto valle del Mesa) está densamente lleno de yacimientos protohistóricos, seguidos por los celtibéricos.
En cuanto a Canales de Molina, se halla camino de Molina por la N-211. La, llamada, Peña Escrita está junto al arroyo de La Dehesa, que desemboca en el Gallo. Allí hay figuras prehistóricas antropomorfas, algunas de más de 10 metros de longitud, talladas sobre la roca, así como numerosas figuras esquemáticas en una roca bajo el abrigo rocoso. Varias de ellas sólo serían completamente visibles desde el aire. Una leyenda local habla de una princesa mora aquí escondida y guardada por un dragón que escupía fuego, con un rico tesoro oculto. El denominado “ Castro de Canales” estaba sin excavar y se halla en la otra orilla del arroyo de la Dehesa, a medio kilómetro aguas debajo de la “ Peña Escrita”. Conserva restos de anchas y grandes murallas.
En la Sexma de la Sierra del señorío molinés encontramos a Checa, rayana con Teruel y Cuenca, llena de manantiales, pinares y bellezas naturales, al noreste del Tajo, entre las que destacaremos la Fuente de los Vaqueros, a 2 km, o la Cueva del Tornero. Sobre el cerro redondo situado enfrente de la catarata del Aguaspeña o nacimiento del río Genitoris, que atraviesa la villa, se hallan los restos del castro de Castil Griegos, sobre el que se levantó un campamento romano y un asentamiento musulmán, todos ellos debidos a la extracción del hierro que se realizaba en Checa. Layna indica que en sus alrededores “todavía se advierten ruinas de antiquísimas fortalezas”, con sus leyendas asociadas. La necrópolis céltica de Griegos está relativamente próxima y es de la misma época que Castil-Griegos. A quinientos metros de éste se halla la necrópolis de Puente de la Sierra, datada a finales del siglo II antes de Cristo.
Siguiendo en el Señorío, nuevos lugares incógnitos se hallan junto a la laguna de Taravilla, en medio del Alto Tajo y rodeada de bosques. Habla la leyenda del “ castillo del conde don Julián”, sobre un peñón llamado “ muela del Cuende” (por “conde”) defendido naturalmente por el río Cabrillas al desembocar en el Tajo. En la base del abrigo de la Muela del Conde se encuentran grabados medievales en piedra, quizá árabes, mezclados con otros de los siglos XIX y XX. Cuentan que este castillo fue propiedad, y último refugio, del “conde don Julián”, perseguido por sus exaliados musulmanes, a los que ayudó a pasar a de África a Hispania cuando el rey visigodo Rodrigo deshonró a su hija (Florinda o “ La Cava”), en el año 711. En realidad son los restos de una torre musulmana. Layna cuenta que “no lejos, otro cerro menos agrio conserva ruinas de otra fortaleza llamada “ la Fandiña”, nombre dado a la esposa del conde Julián y madre de “ La Cava”. Otra leyenda local dice que “ La Cava” arrojó al oscuro y profundo fondo de la laguna de Taravilla todos los tesoros para que no los poseyeran los invasores musulmanes. Estas aguas esconden muchos secretos según las leyendas locales.
Lugar de leyendas, asociadas con su largo poblamiento, es la colina donde se encuentra la torre y la cueva de Los Casares, en la población de Riba de Saelices, de la antigua tierra de Medinaceli y rayana con el señorío molinés. La localidad se halla en un punto “magico”, dónde se juntan el río Linares y el arroyo Lamadre, poblada desde la prehistoria y con una torre reconvertida en palomar, en lo alto.
A unos tres kilómetros río Linares arriba, en su lado izquierdo, está el famoso yacimiento de “Los Casares”, dónde existen tres recintos de interés arqueológico: el torreón árabe, el poblado hispano-musulmán, y la cueva de Los Casares, con sus famosos grabados rupestres descubiertos en 1928, declarada Monumento Nacional desde 1934. Es difícil apreciar algunos grabados, que pueden ser distintamente interpretados según las sombras que produce la iluminación con linterna o con una primitiva antorcha. Junto a uros, cabras, liebres, un mamut o tigres diente de sable, hay un brujo con máscara, manos humanas y peces. Hay quien aprecia símbolos de la fertilidad, como una pareja procreando. Se grabaron hace 20000 años.
El lugar continuó habitado en distintas épocas. En lo alto del cerro hay una estratégica atalaya de los siglos IX y X con un aljibe algo más abajo, en el vestíbulo de la cueva prehistórica, que está una docena de metros debajo que la torre, y junto a los restos del poblado bereber en la ladera, a su misma altura. La torre presenta unas características singulares, tanto en su estructura interior como en su exterior, así como el uso del “ codo mamuni” de 47 cm como unidad de medida. Es la mejor torre bereber que se conserva, aunque su mal estado hace temer por ella.
El tristemente famoso incendio de julio de 2005, junto con la vida de 11 personas, acabó con el bello, e inmediato, monumento natural del “Valle de los Milagros”, por el que llega el río Linares hacia la cueva atravesando tormos de arenisca roja. Las leyendas locales justifican su inclusión en esta ruta turística “mágica”.
Un afluente del Henares por su derecha es el Sorbe. En la alta Campiña, a su orilla, se halla la localidad de Beleña, en un punto estratégico de vigilancia. Junto a un castillo existente desde tiempos remotos, vigilando el río, el paso de viajeros y de ganados, la localidad guarda uno de los mejores tesoros del románico rural de Guadalajara en la iglesia de San Miguel, levantada a principios del siglo XIII. Es el mensario que adorna su portada románica, una serie de esculturas en su arquivolta, una por cada mes del año, que muestran las labores agrícolas que se realizaban en éste junto a otras figuras de ángeles y demonios, de soldados y mujeres. Es Monumento Nacional.
Junto a la localidad hay un puente de piedra de origen musulmán y, en lo alto, el llamado ” Castillo de Doña Urraca” o ” Castillo de Monilán” cuya estructura no se parece ni a un castillo típico musulmán ni a uno cristiano. El Diccionario de Madoz (hacia 1845) recoge que “el castillo fue prisión de la reina doña Urraca”. Sobre el Sorbe está un puente de origen musulmán. Desde el castillo baja un camino en zig-zag, en parte excavado en roca, hasta el puente musulmán. Aguas arriba del puente, a unos cien metros, hay un manantial que vierte donde el río forma un estanque. Layna Serrano relata que una anciana le narró que los naturales la llaman ” fuente de doña Urraca” porque la reina de Castilla, encerrada en el castillo, bajaba a tomar las aguas para aliviar sus dolencias por sus propiedades medicinales, mientras unos arqueros vigilaban desde el torreón del castillo que no se acercara nadie. Las aguas son buenas contra el reumatismo y el estreñimiento. Algo más arriba hay otra fuente que sale de un muro de sillares, la “ fuente de don Sancho”. Cuenta el Cronista Juan Catalina García que hay otra fuente, ” nacida á medio cuarto de legua al Oriente del pueblo, á la que llaman Fuente la Dehesa , cuyas aguas convierten en piedra cualquier leño que en ellas se sumerja. No es extraño, porque allí el terreno es ya muy calizo”. Según la Historia, ni la reina Urraca de Castilla ni ninguno de los reyes Sancho tuvieron relación ni con el castillo ni con las fuentes que manan bajo él, sólo queda la leyenda.
Existen tres cimas al norte de Guadalajara con especial significado: el Ocejón, el Pico del Lobo y el Alto Rey. Una leyenda habla de la posible ubicación de un asentamiento templario en la cima del Alto Rey, en su ermita a la que continúan dirigiéndose peregrinos el primer sábado de septiembre, siguiendo un rito que, posiblemente, existió antes del Cristianismo. En la falda de la montaña se haya la iglesia románica de Santa Coloma de albendiego (siglo XIII), cuyo ábside es un tesoro arquitectónico con profusas filigranas y once rosetones, de los que tres han desaparecido. En una de sus ventanas hay una estrella de David en un lateral y un arco angrelado (dentado) en la parte superior, algo un muy usual. Otra leyenda local habla de su fundación por los templarios, pero no hay documentos al respecto. Catalina se inclina por ello, pero Layna lo hace por los caballeros Hospitalarios.
Siguiendo al norte de Guadalajara, desde el Alto Rey no sólo se domina Santa Coloma, sino San Bartolomé de Campisábalos (al noroeste de Albendiego) y San Pedro de Villacadima (siguiendo por la misma carretera al oeste, bien dentro de la sierra de Pela). Los tres son los más importantes recintos sagrados románicos de la zona y, según algunos, vinculados al Temple. Vinculan, asimismo, la iglesia de Campisábalos con el santuario templario del Cañón del Río Lobos, en Soria. En Campisábalos hay una preciosa capilla levantada por el Caballero San Galindo, antes de cuya entrada hay un pequeño mensario sobre un ventanuco. Las proporciones de su interior concuerdan con la propuesta monástica de llegar a la armonía espiritual a partir de las formas armónicas del edificio. Por otro lado, la acústica del interior recuerda a las de San Baudelio de Berlanga (Soria) o la Vera Cruz de Segovia. Finalmente, la iglesia de Villacadima presentaría un esbozo de lo alcanzado en el acceso a las de Albendiego o Campisábalos. Por su belleza bien merece la pena una visita a las tres iglesias.
Como última leyenda templaria, mencionaremos su relación con el Hundido de Armallones en el Tajo, situado aguas arriba de la localidad de Ocentejo, en la “serranía de Cifuentes”. Por allí discurrió el Tajo hasta que en el siglo XVI se produjo un derrumbamiento de un cerro debido a una crecida que le obligó a desviar su curso y dejó seco el antiguo cauce. También merece la pena visitar las “Salinas de la Inesperada”, que se encuentran en el lado derecho del río, más arriba del “Hundido”. Una poco probable leyenda local habla de la fundación en las gargantas del Tajo de un convento de Caballeros del Templo de Jerusalén, los templarios, que trajeron aquí animales y plantas del lejano Oriente. Hay un cierto triángulo esotérico en Ocentejo, el Hundido de Armallones y la localidad de Canales.
Otro apartado de nuestra “Guadalajara incógnita” son las leyendas asociadas a jóvenes doncellas, caso de las lamias o de las princesas moras. Casi darían para un artículo ellas solas. Ambas figuras corresponden siempre a bellas mujeres, aunque las lamias suelen tener efectos negativos para el que las ve. Antonio Pérez Henares se basó en las leyendas locales para novelar sobre una imaginada lamia del río Bornova, recogiendo “ la voz del agua en una zona de sequía”. Atraído por la belleza y las leyendas de la comarca, Pérez Henares ha imaginado y reconstruido, también, como fue la vida en la cueva prehistórica de Nublares, a dos kilómetros de Bujalaro, situada junto al Henares aguas más arriba de la desembocadura del Bornova. Sea por las cualidades estratégicas, o por su carácter mágico anterior al cristianismo, hubo también un hábitat fortificado musulmán en el siglo X sobre la cueva de Nublares, como en Los Casares.
Cuando encuentren en alguna localidad el topónimo “ mora cantana”, se corresponde con una leyenda de una “ mora encantada”. Por sólo citar dos, pueden acercarse primero a Fuentelencina, en la alcarria, en donde recibe este nombre un gran torreón arruinado con una puerta, que formaba parte de la muralla con que la Orden de Calatrava cercó la villa. Regresando hacia Guadalajara, en Tendilla, también tenemos nuestra “ mora encantá”, pero en este caso la leyenda habla de una larga y profunda bodega excavada en la ladera norte, a la que se entraba desde la parte baja de la calle Ropería Vieja, tan larga que “ se apagaba la vela” dentro, quizá por la falta de oxígeno, y sin referencia a ninguna fantasmal mora alojada allí. La referencia solo la recuerdan los muy mayores.
Un antiguo cronista musulmán menciona la captura por Tariq en el año 711 de la Mesa del Rey Salomón en Toledo, a donde había llegado tras el saqueo de Roma por los bárbaros. Su destino final es objeto de leyendas dispares, una de las cuales la asocia con Torija, donde se hallaría en una gruta de la que tuvo conocimiento la Orden del Temple, que señoreó Torija. Es una razón tan buena como cualquier otra para visitar esta villa, cuyo castillo tapona desde el final de un estrecho valle el acceso a Guadalajara desde el este y domina, asimismo, el camino a Brihuega en dirección opuesta.
Se han hallado en su término restos de poblamiento de la Edad del Bronce y la época visigótica. Los últimos hallazgos arqueológicos en 2006 en la zona del Cerro del Villar permiten dudar si el actual castillo y asentamiento de Torija son el mismo que el que tuvo inicialmente. El historiador Esteban de Garibay menciona en el siglo XVI al “convento de San Benito de Torija”, perteneciente a la Orden del Temple, la cual fue disuelta en 1312. Sobre su localización hay diversas propuestas pero la tradición local indicaba que pudo estar cerca de la Fuente del Real y sus huertas escalonadas abajo, o cerca de la inmediata ermita de la Virgen del Amparo, hecho apoyado por las mencionadas excavaciones de 2006. Entre otros restos de poblamiento, aparece una posible fortaleza primitiva un poco más arriba de la fuente, así como las huellas de un incendio, que podría ser provocado por el sitio acabado en 1452 con su conquista por el marqués de Santillana. No hay constancia escrita pero todo parece sugerir un cambio de situación de la villa tras el sitio. En todo caso, el marqués se encargó de levantar unas nuevas murallas que sustituyeran a las dañadas por el cerco, y un castillo, modificado para un uso más palaciego por sus descendientes en el siglo XVI.
En 1530 se hizo un “Paso Honroso” (un torneo galante) para atravesar el valle, en el que tres caballeros defendían durante el día el paso frente a otros caballeros en un palenque cerca de la barbacana del castillo, todo ello en presencia de sus damas, que miraban desde ésta, mientras por las noches todos bailaban y comían. El castillo fue decayendo paulatinamente, hasta ser volado en octubre de 1810 por Juan Martín Díaz, “el Empecinado para que no pudiera volver a ser usado por el enemigo francés. Monumento Nacional desde 1931, fue reconstruido desde 1961 hasta la actualidad, en que es propiedad de la Diputación Provincial de Guadalajara.
zorita de los Canes se encuentra en la Alcarria Baja, a la orilla izquierda del río Tajo. Está dominada por un castillo que ocupa siete mil metros cuadrados y que fue casi inexpugnable hasta la llegada de la artillería. Es Monumento Nacional desde 1931. El castillo musulmán fue parcelado tras la conquista cristiana, viendo reducido su espacio fortificado, mantenido por la Orden de Calatrava desde 1174. Dentro se encuentra una iglesia románica de transición, donde oraban y se enterraban los Calatravos. Romanticismo y misterio rodean esta fortaleza asentada sobre arenisca. Zorita fue comprada en 1565 por el príncipe de Eboli, marido de la famosa Ana de mendoza. Ella hizo trasladar repetidamente a la milagrosa Virgen del Soterraño desde la fortaleza hasta la iglesia de Pastrana, volviendo la imagen al castillo hasta que, finalmente, quedara en Pastrana.
Al sur de Zorita, en el cerro de la Oliva, se encuentra el Parque Arqueológico de Recópolis, ciudad fundada por el rey visigodo Leovigildo hacia el 578 y Monumento Nacional desde 1946. Abandonada tras la conquista musulmana, sus piedras servirían para levantar el castillo junto a Zorita. Los visigodos sólo fundaron una única ciudad en todo su dominio, Recópolis, que fue sede real de 578 a 580. Existen dudas sobre si era una sola ciudad o un conjunto, pero la mayoría de los investigadores están de acuerdo en que Recópolis se asienta en la amplia loma del cerro de la Oliva y que estuvo habitada hasta la mitad del siglo IX.
En una península bañada por el río Guadiela dónde se junta al Tajo, cerrando la entrada al valle por el Salto de Bolarque, en el término de Buendía (Cuenca) y frente a Almonacid de Zorita, hay unos restos de un poblamiento que los ancianos del lugar conocen como “ Repópolis”. Algunos cuestionan si aquí estuvo la “verdadera Recópolis”, lo que es seguro es que parece haber tenido lugar algún tipo de poblamiento de origen visigótico, contemporáneo al que se encuentra junto a Zorita de los Canes, con una fuerte muralla en algunos puntos. Se ha publicado que lo que parece haber en la península entre Guadiela y Tajo son dos ciudades, un castro “celtibérico” más arriba y un campamento militar “visigodo” más abajo. Todo ello fue afectado por un incendio en 2003 que dejó al descubierto una gran plaza central de unos cuarenta metros de diámetro.
A catorce kilómetros de la “Recópolis de Buendía”, al principio del desfiladero de Bolarque, frente al castillo de Anguix, hay otra “ciudad perdida”. Está escondida entre la vegetación de la sierra de los Desamparados y la rodea una muralla de cinco kilómetros. Pudo tener su origen en un castro celtibérico (por tanto, muy anterior al siglo VI), que pudo ser romanizado y, después, adaptado y habitado por los visigodos por su valor estratégico.
El misterio acerca de los poblamientos junto al Tajo en Buendía y junto a Anguix continúa hasta que los arqueólogos hagan los estudios pertinentes. Una hipótesis permite conectar todos ellos mediante un sistema de comunicación visual. Junto a Almonacid de Zorita se encuentra el cerro de Ventanillas, en la sierra de Altomira, y en su cima hay unas ruinas conocidas como “Los Tres Palotes”, restos de uno de los dos Humilladeros del Calvario. El lugar conectaría visualmente Recópolis, junto a Zorita de los Canes, con la “Recópolis de Buendía”. Y, desde ésta, puede verse la “ciudad perdida” junto a Anguix.
Publicado en El Decano de Guadalajara el 29 de agosto de 2008
ESTAS ULTIMA PARTE ES UNA MERA ESPECULACIÓN, NO SE HA ENCONTRADO NADA QUE CONFIRME LO DICHO SOBRE LA PRESUNTA RECOPOLIS DE ZORITA, NI SOBRE LA PRESUNTA CIUDAD PERDIDA…..SON ELUCUBRACIONES DE GENTE QUE TIENE LOS SESOS HECHOS HUMO Y QUE SOLO BUSCAN SU LANZAMIENTO PERSONAL, APROVECHANDOSE DEL TRABAJO DE LOS VERDADEROS ARQUEOLOGOS….¿ NO PARECE RARO QUE NADIE DE CASTILLA-LA MANCHA HAYA DEMOSTRADO INTERÉS POR ESTA TESIS??
UNA BOBADA MÁS DE LOS DE SIEMPRE.
El titulo es “Guadalajara Mágica”, por lo que puede haber especulacion y realidad mezcladas.
En cuanto a lo recogido en el ultimo parrafo, la realidad es que hay restos arqueologicos,
pero no se ha publicado aun la tan anunciada Carta Arqueologica, quiza para evitar que vayan
a expoliarlos. El ParqueAarqueologico de Recopolis en Zorita de los Canes es uan realidad.